Leopoldo se despide de su hermano. Se va que parece un alma en pena. Emilio está en su silla. En el mismo lugar en el que Leopoldo lo dejó. Está nervioso. Le duele ver que su padrastro es serio con él. Todo se ha roto y le duele haber perdido el cariño del hombre.
--si hubiera sabido esto... --piensa Emilio.
Si pudiera echaría el tiempo atrás pero sabe que ya no es posible, que sólo puede ir para adelante y por lo menos intentar hacer el amor con ese hombre tan guapo. Ese galán madurito que lo mira con tristeza.
--creí que me habías dejado solo... que me habías abandonado...
Leopoldo no se acerca a él. Lo mira con mucha pena. Habla distante y a Emilio le da pena.
--Yo siempre estaré a tu lado.
--¿y cumplirás tu promesa? ¿harás todo lo que yo quiera?
Leopoldo se siente un estúpido, no entiende como no supe ver la mirada libidinosa de su hijo hacía él. Como no pudo entender sus sentimientos. Se siente culpable. Piensa que si hubiera estado más pendiente de él habría podido evitar ese amor que le tiene antes que naciera. Le lastima la mirada ardiente de Emilio, lo ansioso que está por hacer el amor con él.
--¿y bien?
Leopoldo mira a Emilio con ojos llorosos y dice serio:
--nos acostamos pero sólo una vez, luego te olvidas del tema. Yo soy tu padre.
Emilio mira a Leopoldo en shock. Está tan contento que parece que vaya a saltar de la silla.
--¿!en serio haremos el amor?¿como?¿¿cuándo?!
Emilio está muy ansioso.
–¿No es eso lo que querías?
Leopoldo mira a Emilio con tristeza. Está muy herido. Se siente un fracasado. Toda la vida luchando por ser un padre para él y lo único que logró es que Emilio se enamore de él.
--¡¡si, sí¡ ¡¡es lo que más quiero¡
El deseo de Emilio es una puñalada para Leopoldo. No puede resistirlo.
--Una sola vez. Soy tu padre y soy hetero. Lo que me pides es un imposible. Una monstruosidad. Haré un enorme sacrificio por ti pero jamás hablarás con eso, jamás me mirarás como hombre. Seré tu padre y jamás me pedirás algo que no sea lo normal. Lo haremos con mis condiciones que tú debes aceptar. Lo haremos a mí manera. Y luego no sólo harás todos los tratamientos necesarios para volver a caminar sino que hablaremos con un profesional de todo esto que sientes hacía mi para que te ayude.
Leopoldo habla muy molesto. A Emilio le duele, es el fin de su sueño de amor pero ha pasado demasiados años poniéndose cachondo como para renunciar a sentir suyo ese cuerpo aunque sea una sola vez.
--te lo prometo. Acepto todo lo que digas
Leopoldo se va. Emilio le mira el culazo con deseo.
--¡¡va a ser mío, va a ser mío¡
Pero sabe que no va a poder disfrutar del polvo como deseó porque Leopoldo está demasiado triste. Tendrá su cuerpo pero ha perdido su cariño. Emilio se queda solo. Va a su cuarto. Ve a su ranita, a Potter sobre la cama. Le parece que le está reprochando algo. En realidad es la conciencia de Emilio. Sabe que lo que está haciendo con su padrastro no está nada bien pero lo quiere hacer.
--¡¡no me mires, ya soy un hombre, un hombre y mira como estoy por su culpa. Es lo justo¡
Agarra la rama y la esconde en el armario. Mira la puerta del baño. Se estremece...
--Será mío, será mío.
Quisiera que fuera ya.
Cae la noche. Leopoldo ayuda a Emilio a meterse en la cama. Mientras lo tiene entre sus brazos Emilio lo besa. Es un leve beso que destroza el alma a Leopoldo lo deja en la cama y luego le reprocha:
--¡no vuelvas a hacer eso¡¡
--pero vamos a hacer el amor... --Emilio ansioso.
--uniremos nuestros cuerpos una sola vez y las cosas serán como yo quiero, que te quede claro que esto casi es una violación. Me estás violando. No esperes besos. Ni cariño. Me obligas a comportarme como una bestia y así será, ahora vuelvo. --dice Leopoldo muy frio.
Leopoldo va hacia el baño.
--yo quiero que sea en tu cama.--exige Emilio que quiere ser tratado como a Manuela.
Leopoldo le reprocha molesto:
--¿No te parece muy fuerte e inmoral acostarte con tu padrastro en la misma cama que me acosté tu madre y engendramos a tu hermana?¡
A Emilio lo lastiman las palabras de Leopoldo pero no se echa atrás como hubiera deseado Leopoldo. En todo momento confía en que Emilio se arrepienta pero no.
--será como tu quieras.
--nos vemos al rato.
Leopoldo se encierra en el baño. Rompe a llorar. A Emilio se le parte el alma. Sabe que lo que está haciendo está mal pero lo ama demasiado.
--¡¡me lo merezco, me lo merezco¡
Emilio se aferra a su invalidez por culpa de Leopoldo para convencerse que tiene derecho a pedirle ese sacrificio.
--Nadie lo amará más que yo y por su culpa no podré tener una vida feliz. Me lo merezco, me lo merezco.
Leopoldo llora tumbado en la cama. Mira la foto de su esposa y su hija.
--perdoname. No supe hacer ver las cosas.
Siente muy angustia al pensar en lo que deben estar sintiendo ellas si se enteran de lo que está pasando. Sin hacer ruido Fabio entra en la casa. Se mete en el cuarto de su hermano.
--¿listo?
Fabio está tan ansioso como Emilio. Leopoldo mira a su amor con el rostro lleno de sangre. Está derrotado por el dolor.











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