Leopoldo y Fabio están hablando con el doctor. Los dos hermanos están tomados de las manos. Fabio apoya a su hermano en estos momentos de angustia.
--¿es que mi hijo no podrá volver a caminar nunca?
--Aún es pronto para decir eso. Es posible que con una terapia pueda volver a caminar aunque tendrá que luchar duro...
Leopoldo está asustado. Ha notado a Emilio demasiado frágil como para luchar. Siente que lo odia demasiado y no sabe si lo va a poder apoyar. Fabio acaricia a su hermano. Le pone la mano en los hombros.
--saldremos adelante, con lo que tú quieres a Emilio... sabrás cómo apoyarlo.
Leopoldo se seca las lágrimas.
--¡¡sí, yo le ayudaré quiera o no¡
Pese al dolor que siente Leopoldo está totalmente decidido a ayudar a Emilio quiera él o no.
--Haré lo que él me pida, estaré a su lado. No lo dejaré nunca. Lucharemos juntos.
Fabio mira a Leopoldo con pena. Siente compasión de él. Le duele no decirle que lo que Emilio quiere de él no se lo puede dar. Siente celos al pensar que Emilio pueda aprovecharse de las circunstancias para obligar a su padrastro a tener un romance con él. La sola idea de imaginarlos juntos lastima mucho a Fabio. Mientras que Leopoldo va al lado de Emilio, Fabio llora por dentro:
--¿porqué no te enamoraste de mí? --piensa.
Fabio no tendría problemas de darle a Emilio lo que él le pidiera. Le duele mucho el obsesivo amor pero a la vez grande y hermoso que Emilio le tiene a su hermano.
--como me gustaría que me amaran así... --piensa.
Emilio está tumbado en la cama, Inmóvil. Serio. Aturdido. Leopoldo entra en el cuarto. Emilio lo mira lloroso. Está asustado. Angustiado. Tiene miedo de lo que pase con su vida, de que Leopoldo lo deje solo ahora que más necesita. Leopoldo se acerca como si nada. Mira a Emilio con una dulce sonrisa. Su mirada, sus labios. Esos labios que Emilio tanto desea besar. A Emilio se le olvida el dolor. Lo mira enamorado, con ganas de decirle que por lo único que no lamenta haber muerto es por la esperanza de que se le haga su amor por él. Soñar en una noche de salvaje pasión con el hombre que ha amado toda su vida es lo que más le ayuda para no hundirse en esos angustiosos momentos. Leonardo se acerca a Emilio. Le toca la mano. Lo siente temblar. Emilio lo mira lloroso. Nada ha cambiado dentro de él, lo mira a los ojos y siente que lo ama profundamente y se lo quiere decir. Leopoldo lo ve tan callado, tan nervioso.
--¿quieres que me vaya?
Es una voz dulce, además mezclada con angustia, con culpa.
--No.
Emilio se muestra serio, no dice mucho porque lo que le quiere decir no le sale. En esos momentos lo único que quisiera es que su padrastro le dijera que lo ama, que van a ser amantes. Sólo si es así le compensa estar vivo. Leopoldo siente el dolor de su hijo. Le acaricia la cabeza. Se le escapan algunas lágrimas. Le besa la mano:
--sé que me odias. Por mi culpa estás pasando por todo esto...
Emilio mira a Leopoldo lloroso:
--¿no volveré a caminar?
Leopoldo trata de animarlo:
--¡¡claro que sí, yo te enseñaré a caminar¡ ¡¡soy tu padre y estaré a tu lado siempre¡
A Emilio le duele mucho que mencione que es su padre. Desea amarlo, es lo único que le importa.
--tú no me quieres, estás con una cualquiera.--solloza con celos.
Emilio le gira la cara para que no lo vea llorar, para que no vea su dolor por un amor que parece condenado a ser imposible. Leopoldo está muy triste.
--¡¡sé que soy una basura, perdóname¡¡ ¡pero estoy a tu lado, estamos juntos, sólo tú yo¡¡
Emilio lo mira, lo agarra la mano:
--te quiero.
Es un te quiero que desea decir te amo y que para Leopoldo es muy importante porque cree que lo siente como a un padre. Le emociona que le diga que lo quiere:
–¿después de lo que te hice?
Los ojos de Leopoldo están llenos de lágrimas. Aunque le cuesta hacerlo pues está muy débil Emilio levanta su mano para acariciarlo. Leopoldo agacha la cabeza para que lo pueda acariciar. Emilio se estremece al tocar al gran amor de su vida.
--mi vida eres tú, si te quedas a mi lado no me importa.
Leopoldo le besa la palma de la mano:
--yo estoy a tu lado. Me voy a dedicar solo a ti.
Emilio no sabe si creerlo.
--¿y esa puta con la que estás?
--Manuela se fue, estamos solos.
--entonces soy feliz, no me importa nada.
Fabio entra con timidez.
--pasa, hermano.
Fabio mira a Emilio a los ojos. A Emilio le sorprende no ver agresividad en sus ojos.
--¿¿cómo estás? --le pregunta.
Emilio se aferra al brazo de su amado:
--quiero que se vaya.
Emilio recuerda que se acostaron juntos y que le gustó. Siente amor por Leopoldo y deseo por Fabio. Le pone nervioso. Quiere estar a solas con Leopoldo. A Fabio le duele mucho que Emilio lo rechace. Leopoldo no entiende la actitud de Emilio:
--mi hermano se ha preocupado mucho, ha estado todo este tiempo a mi lado.
Emilio mira a Fabio desconcertado. Se da cuenta que lo mira con cariño y después de como lo humilló tantas veces le sorprende.
--quiero que se vaya.
Le entristece el dolor de Fabio.
--No te preocupes, hermano. Me voy.
Fabio mira a Emilio:
--me alegro que estés bien.
Se va muy triste. Se encierra en el lavabo. Llora. LLora de rabia. Llora porque no ha logrado que nadie lo ame de la misma manera que Emilio ama a Leopoldo. En el box Leopoldo acaricia a Emilio.
--¿qué te pasa con Fabio?
--quiero estar a solas contigo. Me lo prometiste.
--si claro.Te pienso consentir. Haré todo lo que tú me pidas.
Emilio se estremece. Mira esos labios, esos ojos. Piensa en ese cuerpo que tanto le gusta que ha visto desnudo.
--¿lo que yo quiera?
A Emilio le brillan los ojos. Desea hacer el amor con Leopoldo aunque sea una sola vez, aunque sea a la fuerza. Leopoldo le acaricia inocentemente. No imagina cuáles son los pensamientos de su hijo.
--si claro.
Emilio siente que el corazón se le va a salir del pecho.
--Un beso, quiero un beso tuyo.
Emilio está muy ansioso.
--Si claro...
Leopoldo se acerca a sus labios. Esos labios que por fin Emilio va a saborear. Tiembla de deseo, de sed. Leopoldo no sabe ver la lujuria que hay en la mirada de su hijastro. Le besa en la mejilla. Es frustrante para Emilio. Él le devuelve el beso y aunque quiere besarlo en los labios cae justo al lado. Emilio lo mira enamorado. No piensa desaprovechar la oportunidad. Ya se imagina a él y a Leopoldo desnudo en la cama y si el accidente le ha servido para eso: bendito sea. Fabio lo sabe y por eso sufre. Le gustaría que fuera a él a quien obligara a estar en la cama. La enfermera le dice a Leopoldo que se acabó la hora de visita. Leopoldo lo acaricia, lo besa en la frente. Emilio no lo suelta.
--no te vayas.
Leopoldo lo acaricia con mucho cariño:
--pronto te subirán a la habitación y estaremos siempre juntos.
--júrame que no me dejarás y que todo será como yo quiero.
A Leopoldo le emociona ese desesperado amor que le demuestra Emilio, cree que es por miedo. No por deseo.
--te lo juro.
Emilio mira a Leopoldo con una pícara sonrisa. Ya se le hizo. Sabe que es cuestión de poco tiempo que se cumpla su deseo de tener en la cama al que fuera esposa de su madre, padre de su hermana. Se acaricia el labio saboreando el beso que le ha dado a su guapísimo padrastro muy cerca del labio.














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