En la misma noche de su llegada Fabio sale a divertirse. Va al antro gay de moda. Justo ahí hay dos amigos que cogen juntos y les gusta competir entre ellos a ver cuál coge más. Uno es Nemesio, el hijo de Manuela. El otro es Alejandro que es el más dominante y llamativo. Fabio se acerca a ellos y los chicos se pelean por él. A los dos les seduce ese macho que ven inalcalzable. Fabio los trata con desprecio y se lleva a los dos. En una fábrica abandonada. Ellos dos de rodillas y hacen todo lo que Fabio les dice. Se muestran sumisos y el hombre se siente poderoso. Los trata como a muñecas hinchables y se los coge a los dos sin ningún miramiento y buscando sólo su placer y lastimar a esos chicos. Alejandro es más dominante que Nemesio y entre los dos a la vez destrozan el culo del hijo de Manuela que hasta sangra. Los dos chicos quedan desnudos en el suelo rotos de placer y de dolor. Fabio se ríe y se les mea en la cara a ambos. Los trata como basura y los deja ahí tirados desnudos. Pasa por encima de la ropa de ambos manchándola de barro. Fabio sonríe sintiéndose poderoso. Y vuelve a la discoteca.
No tarda en fijarse en un guapisimo jovencito de veinte años. Los dos hombres coquetean, se gustan. Bailan. Fabio lo arrastra al lavabo. Lo trata como a un animal. Sólo se preocupa de su placer. Después de venirse le tira encima el condón usado y lo deja en el wáter culo en pompa y con los pantalones en los pies. Sale muy satisfecho y abrochándose los pantalones. Y enseguida baila con un negro. Bailan. Se lo coge y lo deja tirado y no tarda en encontrar un nuevo juguete con él que repite la operación. Es un hombre vicioso y sin límites ni escrúpulos. Duro y no se preocupa por nada.
A primera hora de la mañana, Emilio entra en el baño. Leopoldo entra en ese momento. Los dos andan desnudos. Emilio sólo tiene ojos para el cuerpo, para los genitales de su guapísimo padrastro. Éste se acerca a él. Le mira la cara. Le acaricia:
–¿qué te pasó?
Emilio se mira al espejo. No se había dado cuenta que tenía un ojo morado. Siente vergüenza. No sabe qué decirle. No quiere que sepa que lo golpeó Fabio por estar espiándolo.
--bueno... es que... --balbucea Emilio.
Leopoldo es muy cariñoso con él:
--¿quien te lo hizo?¿te duele? ¿¿En qué lío te has metido?
A Emilio le gusta lo cariñoso que es su padrastro con él pero sabe que si descubre la verdad no será tan cariñoso con él. Fabio entra en ese momento. Va desnudo. Esos dos hombres tan guapos juntos y de una manera tan explosiva, Emilio está excitado pero asustado. No sabe cómo saldrá de eso.
--dile la verdad a tu padre.
Emilio está asustado. Se va corriendo a su cuarto. No se atreve a mirar a la cara de Leopoldo. Éste va hacia él. Se sienta con él en la cama. Lo acaricia con el cariño de un padre:
--a mí me puedes decir lo que quieras... Por favor... confía en mí.
Emilio lo mira lloroso. Ama a ese hombre que es tan dulce con él pero no le puede decir la verdad. Leopoldo está tan preocupado por él. Emilio no quiere que se decepcione de él. Le pone nervioso Fabio, desnudo. Con mirada agresiva. Está muy guapo. Aunque ama a su padrastro le gusta mucho su hermano. Leopoldo acaricia a Emilio. Le suplica que confíe en él. Emilio mira con miedo a Fabio.
--fue a un antro gay nada recomendable. La policía lo detuvo, por suerte yo tengo contactos. Yo lo salvé… –dice Fabio
–¿qué? ¡Eso es cierto?¡
Leopoldo no está enfadado. Está preocupado. Emilio mira a Fabio que sonríe victorioso. Con su mirada le recuerda que lo tiene en sus manos y que tiene que hacer todo lo que él quiere.
–¿es que tu padre no sabe que eres gay?
Emilio agacha la cabeza. Leopoldo lo acaricia con cariño:
--Por eso tan triste. Mírame. A mí no me importa nada. Yo te quiero sea como sea.
Leopoldo le levanta la barbilla de su hijo:
--dime lo que sientes..
Emilio lo mira con deseo:
--me gustan los hombres, siempre me han gustado.
Se tiene que tragar mucho amor, mucho deseo. Le excita estar hablando de hombres con su padrastro. Le gusta abrirse a él. Le hace ilusionarse. Pensar que su padrastro sea homosexual y por eso lo comprende, porque su amor no es tan imposible. Lo único que estropea el momento es la cara de burla de Fabio.
--me han recomendado uno para él más recomendable, no quiere ir. Le da pena contigo, no quiere aceptar que es maricon.--Fabio.
--¡¡no lo llames así¡¡
Leopoldo le habla a su hermano sin dejar de abrazar y acariciar a su hijastro. Fabio disfruta humillando a Emilio y que tiene
--es virgen y está deseando que alguien lo estrene. Tengo miedo que cometa una locura pero no confía en mí. Me tiene manía… ayer lo iba a hacer con tres tipos sin condón. Suerte que llegó la policía. Está desesperado y va a cometer una locura.
Emilio se muere de la rabia pero no se atreve a levantar la cabeza. Por suerte el susto hace que sí cuerpo no reacciona ante esos dos machos desnudos. Leopoldo es muy cariñoso con él.
--¿eso es verdad...?
A Emilio le gusta mucho el cariño con el que Leopoldo lo trata. Lo ama, desea besarlo.
–¿quieres que yo vaya contigo?
A Emilio le excita que sea el propio Leopoldo el que quiera que se estrene. Leopoldo está ahí, desnudo. Tratándolo con cariño. Deseando que sea feliz. Sin importarle que es gay.
--esta noche iremos tú y yo. Si tienes que estar con un chico quiero estar seguro que no cometes un error.
Emilio traga saliva. Le excita recordar cómo hizo el amor con Manuela. Está seguro que si su padrastro quiere acompañarlo es para estrenarlo él. Emilio está vibrando. Está viviendo su momento más erótico. Su padrastro desnudo en la cama sentado a su lado. Tocándolo. Hablándole con mucho cariño. Hablándole de sexo. Animándole para que se estrene. Para dar más sensualidad a la escena de pie frente a ellos está Fabio. Desnudo. Muy sexy. Con mirada muy sensual y agresiva.
--¿Tú irías conmigo?
A Emilio casi no le sale la voz y Leopoldo es muy cariñoso con él.
--claro... soy tu padre... quiero que seas feliz.
Sus labios. Esos labios que Emilio desee, le están llamando a gritos. Leopoldo le besa la mano:
--El sexo es algo bueno, natural. No te debe dar miedo. Debes vivir tu sexualidad como te apetezca. Dime la verdad.¿te gustaría acostarte con un chico?
Y Emilio mira a los dos, ama a su padrastro pero Fabio le gusta también mucho. Emilio hace que sí con la cabeza ante la mirada burlona de Fabio.
--Debes ir a antros gays para conocer a gente como tú pero tienes que tener cuidado dónde vas. Sí me gustaría ir contigo para estar seguro que no metes la pata, qué sabes lo que haces. Entonces ¿vamos?
Emilio hace que sí con la cabeza. Fabio está muy sorprendido por la actitud de su hermano:
--¿será gay? --dice para sí.
Y él que siempre le ocultó sus tendencias por miedo a su rechazo.
--No puedo creer, el perfecto de la familia en un antro gay. Si papá levantara la cabeza --dice para sí Fabio-- eso no me lo quiero perder.
--Supongo que querrán que yo los acompañe.
Emilio fulmina con la mirada a Fabio. Le gusta mucho pero también le da miedo, además eso es algo que le gustaría hacer solo con su padrastro. Leopoldo se da cuenta que a Emilio le pone nervioso la presencia de Fabio:
--no, será mejor que vayamos solos como padre e hijo.
Emilio está embobado, totalmente hechizado por la belleza y la simpatía de Leopoldo. Éste está feliz porque por fin Emilio se le está abriendo. Lo trata como hubiera querido que su padre lo tratara a él. Como un amigo. Ayudándole a vivir, tratando de hacerle el camino más fácil.
--Yo lo que quiero que sepas es que estoy feliz de que al fin te dejes conocer. Yo no quiero que me ocultes nada. Nada de secretos ¿de acuerdo?
Emilio mira nervioso a Fabio que se está riendo. Leopoldo mira a su hermano.
--¿estás seguro que ese antro es de fiar?
--totalmente aunque si te da susto vengo yo con ustedes.
--No, no... Sólo me gustaría saber quien te lo recomendó.
--El dueño es amigo mío.
--No sabía que tenías un amigo gay.
--No creo que eso sea importante ¿no? Tú vas a ir con tu hijo y eso no te convierte en gay.
--por supuesto.
Leopoldo se queda satisfecho por la respuesta de su hermano. Fabio celebra que no sospeche de sus tendencias. No le gusta los aires de superioridad que, desde su punto de vista, tiene su hermano. No le quiere dar oportunidad para que se muestre tolerante. A Fabio le da la impresión que su hermano se sentiría superior a él, apoyándolo y no quiere.
--¿sabes cómo ponerte un condón?--le dice Leopoldo a Emilio muy cariñoso.
Emilio hace que no con la cabeza. Leopoldo mira a su hermano:
--¿tienes alguno o voy a comprar?
Fabio mira a Leopoldo sorprendido:
--¿es que le vas a poner el condón?
--No, pero quiero estar seguro que sepa cómo se pone. No quiero que meta la pata.
Aquel hombre tan guapo desnudo, hablando de ponerse un condón. Emilio está palo. Apunto de reventar. No deja de mirar a Leopoldo con deseo, se estremece recordando cómo le hizo el amor a Manuela:
--¿me lo hará a mí igual? --piensa.
Leopoldo se levanta. A Emilio le gusta mucho verlo caminar desnudo. Le fascina ver cómo se le mueve todo.
--¿tienes condones o bajo a comprar?
--sí, sí tengo..
Los dos hermanos se van juntos. A Emilio le gustan mucho los dos. Les gusta verse irse juntos. Leopoldo se gira y mira a Emilio:
--ahora vuelvo.
Le guiña el ojo. Se vuelve a girar. Emilio está muy excitado. Le gusta verlo desnudo. Le gusta que lo quiera.
--Leopoldo...
Los dos hermanos se giran.
--dime…
El cariño con el que lo trata Leopoldo estremece a Emilio.

























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