Dos años después...
Emilio está en su cuarto, le gusta mucho mirar por la cerradura. Su padrastro es guapísimo.
--cada día está más guapo.
Le fascina espiarlo mientras se ducha. Nada ha cambiado pese a que Emilio ha cumplido ya los 18 años. Mira un momento a su rana Potter que está en la cama. Parece que le reprocha.
--¡¡qué más quisiera yo que dejar de ser virgen...¡
Emilio es un joven frustrado al que le fascinan los hombres y está deseando estrenarse en brazos de un chico muy guapo. Mira a su padrastro. No se pierde detalle de su cuerpo.
--Yo quisiera estrenarme con uno como él pero ¿dónde lo encuentro?
En todos los hombres busca a su padrastro y no ha logrado que se le quité ese loco amor obsesivo hacía su guapísimo padrastro.
Está pendiente de la cerradura, ese agujero que le hace vivir los momentos más excitantes de su vida. Se va masturbando gozando del cuerpo desnudo de su padrastro.
--No sé cómo lo hace pero a pesar de los años... ¡¡está más joven¡
A Leopoldo la felicidad se le nota en la cara. Sus ojos brillan y eso aún lo hace más guapo. A Emilio le enloquece aún más. Tiene una imagen más juvenil. Más atractivo. Es un hombre feliz. Hasta canta.
--¿y a este qué le pasa? ¿No se habrá enamorado?
Emilio tiene celos. Sabe que su sueño de acostarse con Leopoldo no se hará realidad. Siente celos.
--¿una mujer?
Aunque se muestra tosco con su padrastro es por lo mucho que lo desea y no quiere que nada cambie esa soledad de ellos dos, no quiere que nadie invada su territorio. Tiene miedo que Leopoldo rehaga su vida, que lo deje sola.
--¿y si quiere mudarse?
Ese cuarto suyo con entrada en el único baño de la casa que le permite gozar de lo lindo. Leopoldo sale de la ducha justo en el momento en el que Emilio se viene, sus manos manchadas de su esperma. La visión lo pone a mil. Leopoldo totalmente desnudo. Se seca su melena. Se le mueven los genitales. Emilio gime. Leopoldo lo oye. No sospecha que su hijastro goza de su cuerpo.
--¿Emilio, eres tú?¿necesitas el baño?
Emilio se aparta sofocado. Se queda en un rincón. No sabe qué hacer con su mano manchada. Se siente descubierto. Se limpia con un calcetín. Desde el baño Leopoldo entra en el cuarto. Húmedo, desnudo. Emilio, totalmente desnudo, se tapa un poco los genitales para que no se le note que está ardiendo.
--¿qué haces?
Emilio no se cansa de verlo desnudo. Le fascina. Está feliz de la situación que se crea entre ellos. No quiere que nada cambie.
--es que me tengo que duchar.--balbucea muy nervioso.
Leopoldo le sonríe:
--pues venga que yo aún tengo para un rato...
Leopoldo con gestos lo invita a ir a la ducha. Va detrás de él. Le enloquece verlo desnudo, caminar desnudo. Verlo el trasero. Está loco por él. De hecho no entiende cómo su guapísimo padrastro no se ha dado cuenta de la fuerte atracción que siente hacia él. Los dos desnudos, tan cerca. Emilio desearía abrazarlo. Tocarlo. Se conforma estando los dos desnudos, viendo como se arregla, se cepilla, se perfuma. Emilio le ve de espaldas. Le gusta mucho el trasero desnudo del maduro galán. La parte que más le gusta del cuerpo de su padrastro la ve claramente por el espejo. Le sorprende que se arregle tanto, quisiera decirle tantas cosas. Leopoldo se da cuenta que su hijastro lo está mirando Le sonríe simpático. No quiere que se sepa su secreto y está pendiente si ve alguna reacción en Emilio que le haga ver que sospecha.
--¿¿qué te ocurre?
Emilio se ruboriza. Cree que su padrastro se ha dado cuenta que lo está mirando de más. Se da la vuelta. Leopoldo lo ve distante y eso le entristece. Le gustaría poder ayudar a Emilio, que no estuviera siempre tan solo. Saber qué es de su vida, que piensa. Cómo siente. No sabe que no le gustaría. Leopoldo se acerca a él. Emilio lo siente detrás de él. Se estremece. Leopoldo le pone la mano en los hombros. Emilio se derrite. Tiene una fuerte erección que trata de bajar a golpe de esponja y agua fría. Para Emilio es su momento sexual más importante. Está feliz. Quisiera que ese momento no acabara nunca.
--¿porque no me cuentas tus cosas?
La voz de Leopoldo suena paternal, cálida. Emilio ha logrado bajar su erección y se gira diciendo:
–¿quieres que te diga algo...?
--sí me encantaría...
Leopoldo lo mira con intensidad. Tan desnudo, tan cerca... Podría tocarlo. Emilio arde. No puede callar más. Necesita decirle que siente que lo está amando locamente o cómo mínimo siente que si no hacen el amor va a morir. Leopoldo jamás sospecharía de los sentimientos de su hijastro, está feliz, a la espera que él le confíe sus cosas. Emilio y Leopoldo están desnudos el uno frente al otro. Emilio en la ducha. Leopoldo pegado a ella. Pueden tocarse con sus manos. Emilio no puede más. Necesita hacer el amor con él. Desea gritar que lo ama, que desea que él sea el primer hombre en su vida. Su cuerpo desnudo lo tiene a 100, se tapa un poco con la cortina para tapar la erección. Leopoldo es muy cariñoso con él. Le acaricia la mejilla:
--nada me gustaría más que me vieras como un padre...
Emilio siente una fuerte decepción. Por un momento se sentía valiente, con ganas de gritarle que se siente atraído hacia él, como le gusta pero el comentario de él lo frena.
--¿porqué tan triste?¿tan arrisco?¿¿qué es lo que me querías decir?
Emilio por un momento piensa ocultar lo que siente con una máscara de desprecio pero finalmente decide aprovecharse, ocultar sus sentimientos con una máscara de falso amor filial. Por primera vez decide aprovecharse del cariño que Leopoldo siente por él. Es algo que siempre quiso hacer. Aprovecha que su erección ha bajado para abrazar a ese hombre que lo enloquece:
--te quiero mucho.
Es un te quiero que desea decir muchas cosas pero que Leopoldo no se da cuenta. Estrecha entre sus brazos a ese chico:
--gracias, gracias... Por fin...
Leopoldo lo acaricia mucho. Está muy contento, siempre deseó ese acercamiento. No imagina que a Emilio le pasaba lo mismo y si lo rechazaba no es por rencor como él cree. Emilio desearía que el tiempo se parara, congelar ese instante. Estar toda la vida así abrazado al cuerpo desnudo de su guapísimo padrastro. Esa boca. Desea tanto esa boca. Lo besa en la mejilla. Lo siente su primer beso y lo siento lo más rico del mundo. Leopoldo no tiene prisa. Ha pasado demasiado tiempo deseando ese abrazo y no tiene prisas en que acabe y a Emilio le duele que su cuerpo lo traicione pero no puede seguir abrazado al cuerpo desnudo de ese hombre tan guapo sin delatarse. Se aparta bruscamente y se tapa con una toalla para tapar su erección. Se da la vuelta. Leopoldo lo mira triste.
--¿y ahora qué pasa? ¿Por qué no podemos estar nunca bien?
--No, no es eso es que...
Emilio balbucea, Leopoldo se queda triste convencido que su hijastro le tiene rencor. Leopoldo le acaricia la cabeza:
--quiero que sepas que yo estoy aquí y cuando me necesitas, cuando me quieras contar tus cosas yo estoy aquí...
Leopoldo se va hacia el cuarto. A Emilio le encanta verlo caminar desnudo. Se encierra en su cuarto. Agarra a su ranita y salta con ella.
--¡¡me abrazó... me abrazó¡¡
Cae en la cama. Se estremece pensando en él. En su cuerpo desnudo.
--Lo amo... lo amo…
La tiene dura y se masturba pensando en él.
Leopoldo estaba ya acostado. Lo despierta el sonido de su celular. Tiene un mensaje.
--¡¡está mujer está loca.¡
Se levanta. Duerme desnudo. Se pone el bóxers. Va hacía la puerta. Manuela está allá.
--¿¿qué haces?
--Ya no puedo más.Te amo y este secreto me está matando..ñ
Manuela quiere entrar pero Leopoldo no se lo permite:
--cuando tú me buscaste, cuando me propusiste ser tu amante yo no te ofrecí nada, además eres casada.
--mi matrimonio está roto de hace mucho, yo estoy dispuesta a dejarlo si tú me lo pides...
--A mí ya me están bien las cosas así... yo ahora lo primero es mi hijo... y no quiero que sepa que tengo una pareja...
Manuela lo abofetea. Luego lo besa.
--¡te necesito¡ --dice Manuela desesperada.
Leopoldo la mira con deseo:
--está bien... vamos a nuestro estudio...
--¡¡no... No... Está mi tía...¡ Me lo pidió prestado. Y mi esposo aún está en casa y esta noche aún no te puedo meter!
--¡pues aquí no podemos.¡
Manuela se va desnudando y yendo hacia el dormitorio.
--¡Manuela, mi hijo¡
Los dos hablan en un susurro.
--tu hijo es casi un niño... Debe estar dormido... No se enterará de nada...
Manuela ya está desnuda.
--No haré ruido y me iré tranquilamente...
Él le guiña el ojo. La mira seductoramente.
--¿me lo prometes?
--si.
Las palabras sobran. Leopoldo ataca a Manuela como una bestia en celo. Emilio no dormía. Está pendiente de los movimientos de su guapísimo padrastro. Aunque le da celos, envidia, le pone muy cachondo ver a su padrastro fornicar. Tienen la luz abierta. No se pierde detalle. Nunca pensó gozar tanto del cuerpo de su padrastro. En silencio dentro del baño que comunica las dos habitaciones, con la luz apagada mira por el agujero de la cerrada y lo ve todo. Se masturba mientras ve toda una película porno en directo y como protagonista con el hombre que desea ardientemente.

















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