Manuela se queda en el sofá. Llora. No puede verlos juntos. Se quedará a esperar y los enfrentará. Los gemidos de placer la atormentan y son estridentes. Parece que están matando a alguien.
--¡¡son unos monstruos, unas bestias¡ --llora ella.
Manuela quiere esperar a los amantes pero siente mareos, nauseas.¿son síntomas de un embarazo? Ella así lo cree y no puede soportar la idea de estar escuchando como el padre de su hijo se acuesta con su marido. Se va a su casa llorando. Se tumba en la cama, se acaricia el vientre:
--¿y si estoy embarazada?¿qué voy a hacer con un hijo de un maricón?
Está desesperada.
Enrique está aullando como un lobo, Fabio se vacía dentro de él. Enrique se retuerce de placer.
--¡¡me has destrozado, me has destrozado¡
Enrique está feliz, tiene tantos planes con Leopoldo. Ahora es el momento de hablar.
--mi amor, que feliz soy...
Fabio se le escapa entre los brazos. Se encierra en el baño.
--mi amor. No me hagas esto.
Fabio sonríe, todo ha salido bien. Se escapa por la habitación de Emilio, desnudo entra en la suya. Se pone un pijama riendo. Enrique no se cansa de tocar.
--Leopoldo, ábreme. No seas niño.
Fabio entra en el cuarto sin camisa, con cara de dormido. Le molesta que después de acostarse con él Enrique ni se fije en él, que siga obsesionado por su hermano.
--¡¡ya deja de gritar, viejo. Me despertaste¡
--¿y tú quien eres?
--¿y tú?
--el novio de Leopoldo.
--soy el hermano.
--encantado, tu hermano lleva mucho rato ahí. ¿no le habrá pasado algo?
Fabio le pone la mano en los hombros. Le habla como si le diera pena:
--Leopoldo es así, trae a muchos hombres en la casa y luego no les da la cara..
--¿en serio? No parece un gay activo. Con esa cara de yo no...
--Es un hipócrita. Seguro que te pidió que lo hicieran con la luz apagada y ni te habló.
--¡¡sí... sí...¡
--siempre hace lo mismo, todos los días... uno distinto. Yo ya no sé qué hacer con el irresponsable de mi hermano.
Fabio se muestra el avergonzado, el compasivo con Enrique cuando por dentro se está riendo de él porque le cree.
--por favor... --le suplica Fabio-- A mi estas cosas me incomodan. Vete, no sé oblígale a que dé la cara pero cuando esté fuera. No en la casa donde yo vivo
--está bien.
Enrique mira a la puerta donde se supone que está Leopoldo:
--te amo Leopoldo y voy a luchar por ti.
Se despide de Fabio y se va. Fabio se tumba en la cama de su hermano riendo divertido.
Leopoldo llora la muerte de Emilio. Alejandro está desesperado.
--¿y seguro que está muerto?
Leopoldo lo mira molesto:
--¿es que no lo ves?
Leopoldo está llorando sangre.
--deje que lo examine.
Leopoldo se aferra a Emilio. Sus corazones están juntos. Lo oye latir. Le vuelve la vida al cuerpo.
--¡¡está vivo... mi hijo está vivo¡¡
--¡gracias a Dios¡ --dice Alejandro.
Leopoldo llora de alegría:
--¡¡lucha hijo, lucha¡ ¡¡no te dejes vencer...¡ ¡¡vive... tienes que vivir... no me hagas esto...¡ ¡¡tú no...¡
Leopoldo está más tranquilo porque su hijo está vivo pero es evidente que su estado es muy grave y eso lo tiene mal.
--¡¡¡una ambulancia, que mi hijo se me muere¡
Tiene esperanzas pero está angustiado.
--¡¡ya la llamé... ya debe estar por llegar¡ --Alejandro.
Leopoldo besa y acaricia a su hijo llorando:
--te vas a poner bien... Yo te voy a cuidar pero no te mueras... no te mueras...
Leopoldo siente a su hijo muy débil, su vida se le escapa de entre las manos y eso lo tiene desesperado.
Manuela no quiere ver a Enrique. No quiere ver su cara de gusto después de acostarse con su novio. Abre su maleta. Pone rápidamente algunas cosas y se va rápidamente. No le quiere dar tiempo a Enrique a volver. Se le encuentra en la puerta. Se cara de gusto la asqueo. Lo abofetea.
--¡¡eres un cerdo¡ ¡¡te he descubierto, sé que te has acostado con el vecino¡ ¡¡eres un...¡
No sabe qué decirle. Es tanto el odio que le tiene. Enrique se le ríe y con voz muy femenina dice:
--ay querida, no sabes perder. No dudo que quisieras abrirte de piernas a mi macho pero Leopoldo mi macho y que macho... ¡¡me ha dejado rota¡ Mírate. Eres vieja y fea. ¿Cómo crees que un macho así se va a molestar a mirarte!
Manuela no soporta ver a su marido tan afeminado y hablando de sexo con Leopoldo.
--¡¡me das asco¡
Manuela trata de abofetear pero Enrique le agarra de la mano:
--¡¡ni se te ocurra¡
Pese a eso no deja de mostrarse femenino. Manuela con muchos odio:
--¡me das asco y a tu hijo... No te lo va a perdonar...¡
Enrique está vibrando. Le ha gustado mucho el polvo que le han echado. Leopoldo le resulta irresistible. Está muerto con él y no le importa nada.
--Ahora que soy libre no me importa nada. Leopoldito y yo vamos a vivir juntos en esta mi casa.
--¡Eso jamás¡
Manuela no soporta la idea de que su marido y su amante vivan juntos en el que fue su hogar.
--¡¡yo no lo voy a permitir¡
Enrique se le ríe.
--¿¿¡y cómo lo vas a impedir? Me abandonas, te acusaré de abandono de hogar.
Manuela quisiera tener valor para quedarse en ese departamento pero quiere poner distancia de por medio. Sobretodo si está embarazada. Manuela mira a Enrique con desprecio:
–!ojala jamás te hubiera conocido¡¡¡
--Pues yo estoy feliz ya que gracias a eso ahora soy feliz con mi Leopoldito.
Manuela sufre un pequeño mareo. Enrique la sostiene entre sus brazos.
--¿te ocurre algo?
Manuela soporta que la toque con las mismas manos que ha acariciado supuestamente el cuerpo de su amado Leopoldo. Empieza a golpearlo:
--¡¡no me toques, no me toques¡
Enrique se aparta de ella:
--¡estás loca¡
Manuela se va hacia el ascensor. Divertido y sintiéndose vencedor, Enrique dice:
--Ven a visitarme a mi y a mi marido Leopoldo cuando quieras.
Manuela se gira, mira a su marido con un gran odio. Con un gran rencor. Se mete en el ascensor. Mira esas paredes que le recuerdan a Leopoldo. Su primer beso, sus primeras dudas. Se derrumba en el piso y llora. Además tiene una duda:
--¿y si estoy embarazada?
Se aferra a su vientre angustiada. Ama a Leopoldo y en otras circunstancias le habría encantado ser mamá de nuevo, de ese hombre que le ha devuelto la ilusión pero ahora le angustia la posibilidad de estar embarazada del amante de su marido.









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