martes, 1 de septiembre de 2026

Capitulo 18

 



Leopoldo abre la puerta del auto a Manuela.

--creo que es mejor esperar a saber si estás o no embarazada.

Ahora que todo iba tan bien con Emilio Leonardo tiene miedo de estropear las cosas con Emilio pero si un hijo está en camino tendrá que compaginar sus obligaciones de padre con sus dos hijos.

--hablarás con el chico solo si estoy embarazada... si no ¿Seguirás negándome? --le reprocha ella.

Leopoldo se pone el cinturón de seguridad.  Está muy angustiado.

--No. quiero que mi hijo sepa que te amo pero no haré nada que él no quiera.

--así que nuestra felicidad depende de ese gay... muy bien... --molesta.

Leopoldo empieza a conducir. Se le nota tenso.

--te he hablado ya de Emilio. No creo que sea tan difícil de entender mi situación. No quiero a Emilio fuera de mi vida. Es mi hijo y punto. Si dejaras atrás esos tontos prejuicios…

--¿Y si te dice que no te acerques a mí aunque esté embarazada?

--espero que no diga eso...

Se hace un silencio. Los dos tienen cosas que enfrentar. A Leopoldo le asusta hablar con Emilio y a Manuela le da mucha flojera ver a su esposo. No sabrá cómo enfrentarse a él sabiendo que le gusta el hombre que ella ama. Aunque vivan los dos bajo el mismo techo hace mucho.




Leopoldo y Manuela llegan juntos a su casa. Se besan en el ascensor.

--¿nos vemos en la noche? ¿Cenamos?

--No, quiero cenar con mi hijo.

Manuela pone mala cara:

--yo quería pasar estas  horas contigo. Tengo muchos nervios para saber si espero un hijo o no.

Leopoldo la acaricia:

--te llamo después de la cena. Pasamos la noche en nuestro sitio y juntos vamos al doctor... ¿te parece?

Él es muy cariñoso.

--no puedo decirte que no.

Se besan apasionadamente. Leopoldo se queda en su casa. Manuela entra en la suya sin ganas de enfrentar a su esposo. Enrique está viendo la tele. Manuela quiere pasar de largo. Sin saludarlo como han hecho tantas veces. Enrique se levanta.

--tenemos que hablar.

Manuela no quiere mirar a su marido porque se le repite la escena del beso que tanto la atormenta.

--ahora estoy cansada.

Enrique no quiere esperar más. No oculta que es gay. Saca todas sus plumas.

--quiero el divorcio.

Manuela se para. Se gira.

–¿podrías hablarme como un hombre de verdad? ¡¡No soporto esa voz¡ --dice Manuela.

Enrique sigue usando su tono afeminado:

--esta es mi voz verdadera. No pienso seguir ocultando que soy gay.

--¿y qué le dirás a tu hijo después de echarlo de tu vida por algo que ha heredado de ti? --le reprocha Manuela.

--Sólo me importa Leopoldo.

Manuela mira a su marido histérica:

–?¿qué?¡

--Sí, ese hombre me gusta  y quiero ser libre para él.

Manuela no puede con los celos:

--¡¡Leopoldo es mío¡ ¡¡Es mi amante desde hace dos años¡

Enrique está seguro que su esposa habla por orgullo, porque no soporta que la deje por un hombre. Se ríe.

--¡que más quisiera tú, perra --dice con desprecio--... Leopoldo es gay.

Manuela y Enrique, un matrimonio que se pelea por el mismo hombre. Los dos sacan las uñas por Leopoldo.

--¡¡es bien macho. Eso te lo aseguro yo¡¡

--¡¡claro que es macho... Mi macho¡

--¡¡Leopoldo es mío¡

--¡¡hablas por despecho porque no soportas que yo te deje¡

--¡¡por mi te vas cuando quieras¡¡

--¡no esta es mi casa... te vas tú¡

--¡¡yo no me voy  nada¡

Los dos están muy alterados.

--¡¡entonces  te tendrás que aguantar y vernos a Leopoldo y a mi haciendo el amor¡¡ --Enrique.

–!eso jamás sucederá¡

-+Y estás segura que no sucedió... ¿Porque conozco perfectamente su verga y tú!--dice él con burla.

Esto es un duro golpe para ella:

--No sucedió ¿no?

Manuela ya no está tan segura de nada. Enrique se le ríe:

--eso lo sabrás a su tiempo 

Y se encierra en su cuarto riendo. Manuela trata de calmarse:

--no es gay. Leopoldo no es gay. --va diciendo la mujer insegura.

Manuela se estremece recordándolo en la cama. Es tan apasionado, salvaje en la cama:

--es imposible que sea gay. Enrique es tan gris en la cama. ¡¡no, Leopoldo es macho... mi macho...¡

Pero la sombra de la duda está en ella. Le atormenta el beso que vio, le atormenta estar compartiendo amante con su marido y además estar embarazada.








Emilio llega a su departamento cargado con sus libros. En el sofá están Leopoldo y Fabio tomándose unas cerveza. Emilio mira a su padrastro con amor. A Fabio nervioso. Fabio lo mira con una seducción agresiva. Hace gestos obscenos con la boca mientras bebe. Está con las piernas en la mesa. Emilio le clava los ojos en el bultazo de los genitales. Está muy caliente. Aunque lo mira con dureza a Fabio le gusta sentir el deseo del joven pero también siente el amor que le tiene a Leopoldo. Un gran amor. Le duele que a él no lo hayan amado nunca de la misma manera que Emilio ama a su hermano. Le da rabia que Emilio siga empeñándose en un amor que jamás se va a realizar cuando él, gustoso, aceptaría ese amor. Pero no lo quiere aceptar, no quiere que Emilio vaya con él enamorado de su hermano. No quiere que Emilio lo acepte por despecho pero le gusta la inocencia de Emilio, su desesperación por ser amado. Su frustración por un amor imposible. Le gusta acostarse con él, quiere seguir haciéndolo humillándolo. Así se da el gusto y además le castiga por no amarlo.

--¿qué tal te fue el día, hijo? --pregunta Leopoldo con cariño.

Emilio besa a su padrastro muy cerca del labio. El amor, el deseo lo está matando. Se estremece. Es lo más cerca de sus labios que ha estado, que podrá estar nunca. Desea tanto sentir un beso suyo, un beso de amor de verdad. Tiene el rostro de su padrastro tan cerca. Sus intensos ojos azules que se ahoga en ellos.

--es tan guapo --dice para sí.

Emilio ama a ese hombre. No sabe cómo puede callar los gritos de sus labios que desean lo de él. Fabio siente envidia de la manera en la que Emilio ama a Leopoldo. La fuerza con la que lo ama es tanto que es imposible no darse cuenta. No entiende cómo su hermano sigue creyendo que Emilio lo ve como a un padre.

--¿todo bien? --pregunta Leopoldo.

Emilio hace que sí con la cabeza. No deja de mirarlo hechizado. Leopoldo le sonríe y le acaricia el pelo paternalmente.

--esta noche salimos a cenar fuera.

Emilio siente que el corazón se le va a salir del pecho:

--¿¿tú y yo solos?

Fabio se mete:

--supongo que yo estoy invitado ¿no?

Fabio mira a Emilio. Su mirada agresiva le hace recordar la noche que vivieron. La gozó. Le gustó acostarse con ese hombre pero Leopoldo es alguien especial para Emilio. Es su luz, su vida, su amor. Su todo. Fabio le pone demasiado nervioso. Fabio le gusta para encuentros secretos en la oscuridad pero no para compartir un momento con Leopoldo. Sabe que no lo disfrutaría. Leopoldo mira a su hermano y dice:

--perdona pero es sólo una cena de padre e hijo.

Emilio está feliz. A Fabio le duele que a Emilio le emocione salir a cenar con su padre, que lo sienta como una cita, que no pierda las ilusiones de acostarse con su padre. Le molesta que Emilio siga amando a Leopoldo después de haber tenido sexo con él. Eso es algo que lo hiere y hace que tenga ganas de lastimarlos a los dos. Tiene ganas de vengarse. Se levanta. Mira a Emilio:

--pues que te vaya bien con tu padre,  sobrino querido.

Fabio habla con mucho sarcasmo. Le gustaría que con sus palabras Emilio pusiera los pies en la tierra, que de una vez por todas se diera cuenta que para Leopoldo es su hijo y aunque no fuera hetero no pasaría nada entre ellos dos. Emilio lo sabe pero la ilusión está ahí. Fabio besa a Emilio en la mejilla y con burla le dice:

--hasta luego, sobrino.

Emilio siente unos nervios muy grandes cuando Fabio está con él. Le gusta su cuerpo, le gusta que lo toque. También le da miedo, tiene una mirada agresiva. Es brusco, violento. Aunque también ese tipo de cosas lo excitan mucho.


Fabio siente celos al ver lo feliz que Emilio se va con su padrastro aunque sonríe. Es el momento ideal para la travesura que se le ocurrió. Sale. Va a casa de Manuela. Lleva unas flores y un sobre dirigido a Enrique. Sonríe con cara de travieso. Toca al timbre. Se va satisfecho al ver que es Enrique quien recoge ese sobre con su nombre y las flores. Enrique se estremece. Está muy cachondo por lo que lee. No oculta su satisfacción.




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