Leopoldo llega a la casa. Enrique lleva días esperando ese momento.
--¡¡mi amor, por fin¡
Leopoldo se sorprende:
–¿perdona? --no entiende a qué viene lo de mi amor.
Enrique lo iba a abrazar y besar pero Leopoldo se aparta de su camino. Lo mira molesto.
--no quiero ser grosero pero no estoy de humor.
--Debería estar muy enojado, después de lo bien que la pasamos juntos no he sabido nada de ti... ¿donde te has metido?
--Mi hijo está en el hospital. No tengo tiempo para tonterías --molesto.
Enrique se siente feliz:
--pensé que no querías verme.
Enrique lo abraza. Leopoldo lo empuja y pasa de largo pero Enrique lo sigue:
--cuando repetimos lo de la otra anoche.
--¿de qué habla? --dice Leopoldo sin girarse.
Enrique le da un pellizco en el culo y le dice:
--me encantó tocarlo al natural.
Están en la puerta del departamento de Leopoldo.
--¿no me invitas a pasar? --dice Enrique pícaro y guiñándole el ojo.
--¡¡largo¡ --molesto.
Enrique le acaricia el pecho, le mete la mano por debajo de la camisa y le pellizca un pezón. Leopoldo le da un golpe en la mano. Lo mira amenazante.
--¿¿es que buscas que le rompa la cara?¡
--quiero que me vuelvas a meter en la cama... --dice Enrique sensual.
Leopoldo no da crédito a lo que oye:
–¿!cómo?¡
–ah eres travieso.Me encanta.
Enrique lo abraza:
--fue maravilloso que me hicieras el amor y me muero por la siguiente.
Leopoldo le da un puñetazo:
--¡¡estás loco¡
Leopoldo se mete en la casa. Le cierra la puerta en las narices y tirado en el suelo. Justo en ese momento llega Fabio.
--¡menos mal¡ ¡¡me tienes que ayudar con tu hermano¡ ¡¡hace como si no hubiera pasado nada entre nosotros¡
Fabio se siente muy culpable. No quiere meter a su hermano en más problemas:
--fui yo... --dice sin atreverse a mirarlo a los ojos.
–¿de qué hablas?
--Yo me acosté contigo.Mi hermano está enamorado de tu mujer, yo le tenía celos pero ahora me siento culpable. Por favor, lo está pasando mal. No le digas nada.
Enrique se lleva las manos a la cabeza:
--¡¡no puede ser¡
--mi hermano no sabe qué soy gay. Te puedo hablar de todas las cosas que me dijiste que te pareció que la tenía más pequeña que mi hermano porque era yo, no él. La letra del anónimo no es de él. Es mía, además llamé a Manuela para que nos viera.
Enrique le da un puñetazo (se lastima mucho la mano)
--¡¡eres... eres...¡
Enrique está furioso, dolido por su mano y su alma. Se había hecho muchas ilusiones con Leopoldo y le duele la mentira.
--lo siento.
Enrique mira a Fabio lloroso:
--¿y tu hermano?
--él no sabe nada de eso, a él le gustan las mujeres. Está enamorado de Manuela pero no puede haber nada entre ellos. Emilio no quiere y ahora es lo único que le importa.
--¡¡pues me alegro¡
Enrique hace su maleta, quiere desaparecer. No soportaría ver a Leopoldo, quiere evitar algún día enterarse que él y Manuela son felices.
Leopoldo es muy amoroso con su hijo. Lo ayuda en todo. No se da cuenta de lo cachondo que lo pone cuando lo ducha. Para Emilio es un sueño que su amado toque su cuerpo desnudo y no se esconde cuando se le pone dura. Leopoldo hace como si nada y lo ayuda muy paternal. Lo nota cachondo pero cree que es porque necesita sexo. No sabe ver lo mucho que su hijastro lo ama y desea. Es que ni se le pasa por la cabeza. Lo acaricia. Lo besa y Emilio vibra. Leopoldo lo ayuda a vestirse. Está siempre con él y para Emilio es un sueño. El hombre se queda dormido en la butaca con la cabeza apoyada en la cama. Emilio lo mira enamorado. Lo acaricia y lo besa y le dice lo mucho que lo ama. Emilio lo ama y lo que más disfruta es teniéndolo a su lado pero también lo desea. Está muy cachondo. A Emilio le excita mucho masturbarse estando su padrastro al lado. Durmiendo con su cabeza apoyada en la cama.
Se masturba frecuentemente. Le excita mucho oír a su padrastro en el baño de la habitación. Oír el sonido de su chorro cuando mea. Emilio se masturba y oyendo como su padrastro hace pis. Y Leopoldo entra justo en el momento que se viene y Emilio le excita que lo vea. Los dos hacen que no se dan cuenta. Leopoldo cree que son cosas de la edad y no hace caso. Cuando sale a la cafetería o hablar con el médico, Emilio se masturba. Lo ha pillado varias veces y hace que se le olvida algo y se va y a Emilio le gusta. Le excita que le sorprenda, que note lo cachondo que está, si lo oye en el pasillo se masturba para que lo pille pero Leopoldo siempre entra con cuidado y llama y Emilio deja un trozo de papel, algo que indique que lo hacía. Y aunque lo que más feliz le hace es su compañía el chico está demasiado cachondo y el hombre está demasiado bueno.
,.
Emilio regresa a casa. Leopoldo le lleva la silla.
--bienvenido a casa.
Emilio está feliz. Leopoldo no entiende su sonrisa pero se alegra de verlo contento.
--¿Fabio no está?
--No, alquiló el apartamento de Manuela y su marido.
Emilio siente que el corazón se le va a salir del pecho. Leopoldo en cuclillas. Le pone las manos en la mejilla.
--dime, ¿qué te apetece que hagamos?
Emilio lo mira pícaro:
–¿te puedo pedir lo que quiera?
Leopoldo le sonríe pícaro:
--si claro.
Emilio no desaprovecha la ocasión:
--quiero que hagamos el amor...
Leopoldo se ha quedado en shock, Emilio aprovecha la confusión de su amado para besarlo. Lo besa en los labios.
Al fin Emilio prueba los labios de su amado. Son solo unos segundos porque enseguida Leopoldo se aparta. Se levanta. Se limpia los labios con asco, con sorpresa.
--¿¿¡¡que es todo esto?¡
Emilio está desesperado. Lamenta no poder levantarse de la silla para abrazarlo. Eso aumenta su frustración y su intención de reclamar a Leopoldo lo que le prometió
--¡¡ya no puedo más¡ ¡¡te amo, deseo hacer el amor contigo desde hace tanto¡
--¿que burla es esta? ¡¡es una venganza¡?
Leopoldo está en shock. Si le pinchan no sangra. No puede creer que eso sea cierto, que su hijastro lo ame. Emilio ha pasado muchos años callándose y ya no quiere más. Todas sus cartas están sobre la mesa, está dispuesto a lo que sea para que su sueño se le cumpla aunque sea una vez. Emilio se muestra ansioso, como un volcán en erupción. Leopoldo está hipnotizado. Está metido en un infierno y no sabe que hacer.
--¡¡llevo años espiándote mientras te duchabas, te veía por la cerradura, me he masturbado tantas veces viéndote desnudo y en el hospital…¡¡
--¡¡calla no digas eso¡ ¡¡no puede ser cierto¡ --dice el hombre escandalizado.
--te he amado toda mi vida. --le dice con ternura.
Leopoldo se calma un poco. Se acerca a Emilio. En cuclillas le acaricia la cabeza. Trata de que el chico sienta todo su amor de padre:
--Emilio lo que dices no puede ser, estás confundido.
Emilio se ha controlado durante años y ya no quiere controlarse más. Se lanza para besarlo de nuevo mientras dice enloquecido:
--¡¡quiero hacer el amor contigo...¡¡ --le exige.
Leopoldo se aparta de él, Emilio casi se cae de la silla.
--¡¡deja esa locura o te vas a lastimar¡
--¡¡no me importa nada, solo coger contigo¡
Leopoldo se tapa el rostro con las manos, se acaricia el pelo. Siente una angustia mayor que cuando lo creyó muerto.
--¡deja el tema o me harás enojar¡
--aunque sea una vez, te juro que con una vez tengo bastante.--suplica Emilio ansioso de sexo y de ék.
--¡¡basta ya¡ --sentencia Leopoldo molesto.
Emilo lo mira furioso. Llora:
--me dijiste que cualquiera cosa...
Leopoldo hasta ese momento tenía la esperanza que fuera una broma. Se acerca a la silla. En cuclillas le habla como el padre que es:
--¿hablas en serio?
--sí estoy enamorado de ti.--Emilio habla con amor, con todo el dolor por un amor que no se ha realizado.
Leopoldo sufre un fuerte impacto, se le escapan unas lágrimas. Su tono es triste, está roto por el dolor:
--creí que me veias como un padre.
--jamás te vi como un padre, desde que fui creciendo me gustaba tu cuerpo. Estoy enamorado de ti como lo pudo estar mi madre.
Leopoldo se levanta. No puede seguir escuchando. Se tapa los odios atormentado:
--¡¡no sigas con eso¡ --llora.
Al ver que por el lado de la pena tampoco logra nada, Emilio sigue por el reproche, por el de las deudas y le reclama:
--¡¡por tu culpa lo he pedido todo hasta el caminar¡¡ ¡me la debes me la prometiste¡
Leopoldo recuerda el juramento que hizo ante Dios de darle a Emilio gusto en todo... cae de rodillas llorando. A Emilio se le parte el alma verlo así pero lo ama y no puede dejar la oportunidad. Acerca la silla a su amado, le acaricia la cabeza
--por favor, es el sueño de mi vida. Te juro que ya no te molesto más, deja que se cumpla mi sueño de amarte ni que sea una vez y en mi vida te vuelvo a pedir nada.




























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