Emilio y Nemesio está los dos juntos desnudos sobre la cama. Con los ojos cerrados Emilio piensa en Leopoldo y está bien. Huele a él. Con los ojos abiertos se pone demasiado nervioso. Neme es dulce con él:
--déjate llevar... cierra los ojos y haz lo que te apetezca... solo lo que te apetezca...
Emilio cierra los ojos. Piensa en la verga de su padrastro que tantas veces ha deseado. Traga el arma sexual de Nemesio. Se la chupa con desesperación. Se imagina que es a Leopoldo a quien le hace esa mamada que tanto quiso hacer. Es muy salvaje, son demasiados años frustrándose. Nemesio le agarra la cabeza para que se domine:
--cuidado, virgencito, que me la vas a arrancar --dice divertido.
Sin dejar de chupar Emilio dice:
--es que me gusta mucho...
--Sí pero más suave.
Nemesio se la chupa a él. Emilio siente que se va a ahogar. Nunca sintió tanto placer.
--así como yo... hazlo tú también.
Los dos se la empiezan a chupar el uno al otro. Emilio siente que se va a morir y no se puede controlar. Se la chupa desesperadamente. Nemesio se levanta.
--me vas a matar. Así no puedo.
Emilio no abre los ojos. Tiene cara de salido. Ahora él no puede parar.
--¿quieres hacerlo no?
Emilio dice que sí con la cabeza.
--relájate.
Emilio de espaldas y Nemesio preparándose encima de él. Emilio piensa en Leopoldo, muerde la almohada mientras que Nemesio le chupa el culo. Emilio se viene gritando el nombre de Leopoldo. Luego el desvirgador le taladra el culo. Duele mucho. Nunca pensó que doliese tanto pero en el momento de gozo jadea el nombre de Leopoldo. Emilio no se da cuenta y a Nemesio ese chico le da igual. Emilio queda conmocionado después de haber sido desvirgado. Ha gozado mucho pero le duele todo el cuerpo. Él queda en la cama mientras Nemesio se viste:
Emilio lo mira con timidez. Nemesio le sonríe:
--¿qué tal?
--Me ha gustado mucho.
Nemesio le guiña el ojo:
--suele pasar.
Nemesio se viste de prisa. Emilio se lo queda mirando, aún en la cama.
--yo ya me voy y tú también deberías vestirte. Tu padre te debe estar esperando.
Emilio se estremece pensando en Leopoldo. Le hubiera gustado estrenarse con él. Tiene muchas ganas de verlo. Se nota diferente. Ya es un hombre, ya conoce el sexo. Siente que ahora puede hablar con él de hombre a hombre.Tiene ganas de verlo y descubrir si ha cambiado alguna cosa. Ese es el primer día del resto de su vida. Se siente diferente y tiene ganas de descubrir lo que le depara la vida. Mira a Nemesio. Aunque no siente nada por él le ha gustado mucho las cosas que le ha hecho.
–¿Nos volveremos a ver?
--sí, supongo, si vas de nuevo al antro.
Emilio lo mira tímido:
--¿y si tengo ganas de repetir?
Nemesio ya no es tan cariñoso como antes, Emilio lo que quiere es tener seguridad de sexo. Después de haber experimentado lo más delicioso que se puede hacer con el cuerpo no cree poder vivir sin eso.
--Mira, yo te estrené que es lo que querías. No me pidas un anillo de compromiso --dice con ironía.
--No, no es eso... pero pensé que éramos amigos y que nos podíamos divertir otra vez...
Nemesio le guiña el ojo:
--no te lo tomes como algo personal pero no me gusta repetir. Te doy un consejo, cada vez que estés caliente búscate un chico diferente que te enfríe. El amor hace demasiado daño. Si no estás con el que amas mejor no te ates a nadie. No te va a costar encontrar sexo.
El corazón de Emilio late con fuerza pensando en Leopoldo.
Nemesio es el primero en salir. Leopoldo está justo en la puerta del hotel. Apoyado en el capó del auto. Se siente incómodo al ver salir a Nemesio sabiendo que se ha acostado con su hijo. Piensa en Manuela. En su esposa. No cree que ninguna de las dos apoyara su decisión de acompañar a su hijo en su primera vez. Ha querido ser un padre moderno, demostrar a su hijastro que lo quiere por encima de todo, quería tratarlo de la misma manera que si fuera hetero pero ahora al saberlo con el hijo de Manuela las cosas han cambiado. Se siente incómodo. Se pone nervioso al ver como ese joven se acerca a él. Imagina la cara que se le quedaría al pobre si supiera que su madre es su amante y su padre se ha querido acostar con él.
--sólo quería decirte que felicidades por ser como eres. Tu hijo tiene suerte de tenerte como padre. Debe sentirse muy orgulloso de ti. Espero que no cambies nunca y que siempre apoyes a tu hijo. Y pase lo que pase siempre estés de su lado. Que no te importe nada.
Nemesio se ha dado cuenta que Emilio ama a su padrastro y a su manera lo ha querido ayudar.
A Leopoldo le emocionan las palabras de Nemesio. Le duele su tristeza. Siente culpa porque no cree que Nemesio le hablara de esa manera de saber que es el amante de su madre.
--¿y mi hijo? --le pregunta Leopoldo nervioso.
--ahora baja.
Se hace un silencio entre los dos. Leopoldo no sabe qué hacer. Si se supone que debe hacer o decir algo. Se miran, fuerza una sonrisa y Nemesio sigue con su camino. Emilio no tarda en salir. Leopoldo lo mira de un modo extraño. Se le hace raro saber que se ha acostado con un hombre, con el hijo de su amante. Igual le ofrece todo su cariño. Lo recibe con una sonrisa seductora. Emilio lo ve allá, tan guapo. Tan sexy, tan cariñoso. Se da cuenta que todo sigue igual, que aunque ha vibrado en brazos de otro hombre ningún placer es más que el que siente al mirar a los ojos a su padrastro. Lo mira con intensidad. Siente que su corazón se le va a salir del pecho. Se estremece al mirarlo y aunque le ha servido bien el desahogo porque sentía que se iba a volver loco de tanto deseo sexual frustrado Emilio no puede evitar sentir pena porque la cosa no fue con él. Es por él que late su corazón.
--es él... nada ha cambiado... --dice para sí.
Emilio mira a Leopoldo y se da cuenta que lo ama como siempre. Desea abrazarlo, besarlo y decirle cuanto lo ama. Corre hacía él. Se aferra a él con desesperación. A Leopoldo le sorprenden las ansias de Emilio de abrazarlo pero le gusta. Le acaricia la cabeza con mucho cariño:
--!epa¡ qué pasó? No fue bien.
Emilio lo mira muy enamorado:
--que te quiero mucho. Eres el hombre más importante de mi vida.
Leopoldo lo besa en la mejilla emocionado:
--yo también te quiero mucho. Espero que eso no lo olvides nunca.
Emilio tiembla en sus brazos. Quisiera que su amor no fuera imposible, que su sueño se cumpliera. Lo ama. Le quiere decir que se muere por él.
De hecho disfruta más los momentos que ha pasado con su padrastro que el momento en el que perdió la virginidad. Que también siente que lo une a su padrastro ya que lo ha desvirgado el hijo de su amante y eso le gusta.
Leopoldo lo ve tan triste. Entran en el auto abrazado por el cuello. Emilio es feliz de estar con él, de tener su cariño pero le duele pensar que nunca vaya a tener nada más, que Leopoldo no le haga las cosas que le hizo a Manuela, las cosas que hizo con el hijo. En el auto, el uno al lado del otro. Emilio lo mira con amor, con deseo. Con tristeza. Leopoldo lo mira con cariño. No arranca el auto.
--¿las cosas no fueron cómo tu esperabas no?
Emilio lo mira a los ojos. Como decirle que lo esperaba a él.
--No es eso...
--¿y qué es?
Emilio no sabe si alguna vez se animará a decir que está enamorado de él. Lo ha visto muy tolerante, muy entregado a él
--¿en serio me quieres como a un hijo?
--que pregunta es esa... ¿es que lo dudas?
Emilio en realidad lo que quisiera que le contestara es que no, que lo quiere como hombre, que lo desea de la misma manera que él. Leopoldo le habla con mucho cariño, con todo el amor de padre que no le puede dar a la única hija fruto de su cuerpo que tuvo
--casi me desvirgan por ti así que espero que nunca dudes que te quiero como si fuera tu padre.--le dice con mucho cariño.
Leopoldo le sonríe. Lo ve triste, decepcionado. Cree que no le gustó su estreno. En realidad le duele saber que su amor es imposible y prohibido. Le pone la mano en el muslo sin darse cuenta de lo cachondo que está poniendo a Emilio. Siente más rico con ese gesto que con las cosas que le hizo Nemesio y que le gustaron mucho. Leopoldo lo toca y le habla muy paternalmente:
--¿como fue?
--No sé... supongo que normal... --nervioso excitado por tocar ese tema ante su padrastro.
--no eres virgen ¿verdad?
--no.
--que bueno... ¿y fue como esperaba? ¿Te decepcionó?
Emilio se calla. No le puede decir que sí, que quería que fuera con él.
--es mejor hablar las cosas. Yo te quiero mucho ayudar.
Emilio le habla con deseo, está muy excitado:
--he descubierto que me gusta mucho mamarla.
Leopoldo tose, se atraganta. No esperaba escuchar eso. A Emilio le excita hablar de eso con su padrastro y mirándole el bultazo de los genitales. Ese bulto que conoce en toda su esplendor, en movimiento y que quisiera tener en su boca en ese mismo momento.
--bueno... es bueno saber lo que le gusta a uno... que bueno que lo descubriste tan pronto... --Leopoldo nervioso.
Leopoldo quiere hablar con sinceridad con Emilio pero se le hace raro estar hablando de él de mamarla. A Emilio le fascina. Le pone muy cachondo. Leopoldo arranca el auto. No toca el tema pero Emilio si sigue. Leopoldo ha vivido mucho aunque controla. Emilio quisiera poder dominarlo, poder poseer su cuerpo esta misma noche.
--Estaría todo el día mamándola, me gustaría mamársela a todo el mundo.
Leopoldo nervioso. No mira a su hijo. Está conduciendo.
--bueno, tampoco hace falta que seas... --nervioso-- tan obsesivo... recién hoy comienzas... ve poco a poco...
--¿es que te parece mal que quiera mamarla a todas horas? ¿No te pasó a ti lo mismo? a tu modo... --Emilio poniéndose muy cachondo.
--si bueno... si... es verdad, bueno... después de mi estreno no hubiera querido dejar de coger... --dice nervioso pero sonriendo pícaro.
Emilio le mira el bulto y le dice:
--yo quisiera poder mamarla ahora...
Con la mirada Emilio le está suplicando que se la deje mamarla aunque sea una sola vez, aunque sea un sacrificio para él pero Leopoldo no capta el mensaje. No dice nada.
--¿te molesta mi sinceridad? ¿Te molesta que hablemos de sexo?
--No claro que no... Me puedes hablar de sexo todas las veces que quieras. Con él sexo oral también hay que usar condones y seguro que no lo Usaste.
Emilio pone cara de culpa.
--haré una cita para control de sexualidad, ahora que has iniciado tu vida sexual mejor que un profesional te asesore.
Emilio está feliz.
--¿Vendrás conmigo?
Leopoldo es muy cariñoso.
--claro y quiero que me lo cuentes todo. Si tienes ganas de sexo. Si no sabes que hacer, ven a mí. ¿Vale?
Emilio está muy cachondo. Leopoldo lo acaricia con mucho cariño. A Emilio le pone cachondo hablar de sexo con su sexy padrastro. El hombre sigue hablando;
--Es más deberíamos hablar seguido de sexo. El sexo es algo necesario para todos.
Leopoldo ha visto una buena oportunidad para hablar de él mismo. Emilio se muere de celos al pensar que su padrastro pueda querer iniciar algo serio con una mujer. No es algo que soportaría. Le habla muy agresivo:
--¡No quiero que estés con otra mujer.¡
--¿Porqué? ¿No crees que tengo derecho a ser feliz?--Leopoldo triste.
--¿y no eres feliz conmigo? Yo quiero seguir sólo contigo. A mí ya me van bien las cosas así. Yo no quiero otra mujer en casa de mi madre.
Leopoldo se ha quedado un poco triste. No porque esté pensando en iniciar algo serio con Manuela. Ella es casada y no se pueden exhibir pero le gustaría ser amigo de Emilio y el que no quiera que sea feliz le da pena porque siente que no lo acaba de aceptar y eso le duele. ¿Como pensar que sus celos son porque quiere ocupar en su cama el lugar de esa mujer?
























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