Enrique tiembla de deseo al leer esa carta que le ha mandado Fabio. Está a mil. Besa el papel.
--¡lo sabía Leopoldo, lo sabía¡
Enrique está que salta de una pata. Se acaricia los labios recordando en el beso que le robó. En su culazo.
--Va a ser mío, va a ser mío.
Enrique se siente un adolescente en su primera vez. Vuelve a leer la nota:
--ven, dejaré la puerta abierta. Te espero en mi cuarto, quiero que me hagas el amor. Te esperaré desnudo en la cama. No me digas nada. No hagas que me arrepienta. No te tardes.
Enrique jadea, se estremece. Le va a dar un infarto.
--¡¡no me lo puedo creer¡ ¡¡no me lo puedo creer¡¡
Corriendo y sin perder el tiempo va a la casa de Leopoldo. La puerta está abierta. Enrique frota sus manos saboreando el polvo que le va a echar Leopoldo. Nunca un hombre le había gustado tanto. Ya está pensando en que se iba a quedar con las ganas.
--¡sabía que era gay. Se le nota¡ ¡¡yo tengo un muy buen ojo para eso¡ ¡¡se quiso hacer el difícil... pero se me dio, se me dio¡¡
Saltando de alegría Enrique entra.
--¡Leopoldito, mi vida... ya estoy aquí...¡
Enrique no imagina que quien lo espera desnudo y metido en la cama de Leopoldo es Fabio. La luz está apagado. Fabio se ha bañado en el perfume de su hermano y sabe que se un aire a su hermano como para que Enrique se dé cuenta. Le excita mucho hacer el amor con ese hombre haciéndose pasar por su hermano. Sonríe con cara de travieso.
--A ver como convences luego a Enrique que no has hecho el amor con él.
Por otro lado, Leopoldo y Emilio están solos en un restaurante. Frente a frente.
--tengo que decirte algo muy importante.
Leopoldo está nervioso. Emilio está muy excitado.
--¡¡no puede ser¡¡ no puede ser! --dice Emilio para sí.
Leopoldo acaricia la mano de su hijo paternalmente. Emilio se estremece.
--¡¡se me va a declarar¡ --piensa.
Emilio siente que el corazón se le va a salir por la garganta.
--es algo que nos va a cambiar la vida a los dos.
Emilio mira a Leopoldo perplejo. Soñó tantas veces con ese momento y ahora lo tiene allá. Mira ese rostro sensual, seductor. Esa mirada tierna, esa sonrisa que lo enamora. Esa voz que lo acaricia, esos labios que le provocan sed.
--se me dio, se me dio.
Emilio se imagina ya en la cama con Leopoldo y viviendo toda la vida con él. Se estremece pensando en sus besos, en sus abrazos.
--estoy enamorado Emilio...
Emilio siente que se le va la vida. Bebe el vino que les han servido.
--¡¡se me declaró, se me declaró¡ --piensa Emilio.
Ahora espera el beso. Lo está deseando. Siempre esperó con ilusión ese momento, lo soñó de tantas maneras diferentes pero es más hermoso de lo que pensó. Se siente en las nubes, viajando directo al cielo.
Por su parte Manuela recibe una llamada de teléfono. Lo toma enseguida porque cree que se trata de Leopoldo. Fabio con la voz distorsionada:
--Ven a casa de tu amante en cinco minutos, sé discreta. No digas nada y descubrirás la verdad.
Fabio le cuelga. Se ríe.
--mira por dónde, Leopoldito, el serio, el listo, el brillante, el mejor de los dos, el orgullo de papá va a perder a la mujer que ama por maricón.
Se ríe perversamente.
Enrique entra en casa de Leopoldo. Está muy ansioso. Se desnuda en el camino.
--Leopoldito, mi amor...
Fabio le hace gemidos obscenos para que sepa dónde está. Enrique entra en el cuarto. Todo está oscuro, está muy ansioso. Se mete en la cama. Abraza a Fabio.
--¡Qué ganas de ti, que ganas de ti¡
Enrique roza su cuerpo con el de Fabio:
--que ganas de tocar ese culo.
Lo toca con deseo:
--¡¡tienes muy bien culo¡ --jadea.
Enrique explora con ansiedad el cuerpo de Fabio. Azota y lame ese culo.
--que ganas de tenerte, de meterme en mi boca esa verga tan grande que tienes.
Enrique le agarra los genitales a Fabio.
--¿¿qué esto? ¡El otro día no la tenías tan pequeña. Era gigantesca¡
Fabio se muere de rabia. Recuerda frustrado como de pequeño no le gustaba desnudarse con su hermano ante otro chicos porque todos (su padre el primero) comparaban y decían que le tocó toda a Leopoldo. Eso aumenta su rabia. Sus celos hacia su hermano.
En el restaurante, Leopoldo toca la mano de Emilio. Éste está feliz esperando el beso. Emilio imagina ya el beso.
--¡¡siempre pensé que no tenía derecho a ser feliz pero me enamoré. Manuela me ha devuelto las ganas de vivir¡
Para Emilio es toda una puñalada.
--¡¡que tonto fui¡
Le da mucha bronca que su padrastro lo haya llevado ahí para hablarle de Manuela. Se muere de celos.
--¡¡te odio, te odio¡
Se levanta y se va corriendo. Leopoldo lo sigue.
--¡¡Emilio espera¡
Emilio está roto de dolor. Las palabras de su amado martillean su cerebro. Es el final del sueño cuando más cerca estaba de creer que lo conseguía. Sale del restaurante. No hace caso a los gritos de Leopoldo. Cruza sin mirar, no ve un auto que pasaba y al conductor del auto no le da tiempo de frenar y ante la horrorizada mirada de Leopoldo se lleva a Emilio por delante.
El conductor del auto es Alejandro, el amigo de Nemesio que casi desvirga a Emilio.
A Leopoldo se le hiela la sangre al ver a Emilio volar por los aires después de ser arrollado por un auto.
--¡nooooooooooooo¡¡
Corre hacia él. Emilio queda tendido en el piso. Bañado en un charco de sangre. Alejandro sale desesperado:
--¡¡no lo vi, se me tiró encima¡
Leopoldo se queda paralizado. Recuerda el choque, despertad en un hospital. Su esposa y su hija estaban ya muertas y enterradas. Siente la misma desesperación de entonces. Cae de rodillas frente al cuerpo de Emilio.
--¡¡está muerto, lo maté¡
Leopoldo llora destrozado. No se atreve a tocarlo:
--¡¡fue mi culpa , fue mi culpa¡
Está deshecho. El conductor está angustiado por la que se le viene encima. Leopoldo descarga su rabia en Alejandro.
--¡¡¡lo mataste
--¡¡no lo vi¡
Leopoldo abraza el cuerpo llorando.
--¡¡Fue mi culpa, fue mi culpa¡
Leopoldo ha caído de nuevo en el infierno, de nuevo es responsable de una muerte. Está enloquecido por el dolor. Se siente peor que cuando perdió a su esposa, a su hija. Es una muerte que lo desgarró por dentro para siempre. Emilio era su única compañía, juro hacerlo feliz y ahora está muerto. Llora sangre.
--¡¡no EMILIO¡ ¿¿porqué?
Está deshecho. Muerto por dentro. Si tuviera un arma se dispararía para acabar con su dolor. No entiende porque ha tenido que ver morir a toda su familia y encima por su culpa. Destrozado mira el cuerpo de ese chico que juró hacer feliz. Le ha fallado a su esposa, a sí mismo. No deja de pedir perdón a ella, a Emilio.
--¡¡Te fallé, te fallé¡
Leopoldo es la imagen viva del dolor. Nadie se atreve a acercarse. A separar a ese padre que llora en el cadáver de su hijo. Alejandro pone su mano en los hombros de Leopoldo tratando de apoyarlo. Leopoldo mueve los hombros para apartarlo. Le habla con mucho odio.
--¡¡no me toques hijo de puta¡ ¡¡VAS A PUDRIRTE EN LA CÁRCEL¡ ¡¡vas a pagar por esto¡
Mientras Leopoldo llora la muerte de Emilio.
Enrique y Fabio en la cama. El primero esperaba encontrar una verga gorda y grande. Aquella que vio en todo su esplendor en el lavabo. Ha quedado decepcionado al encontrarse con una muy pequeña. Fabio está frustrado. No soporta que en un momento como ese lo comparen con su hermano en algo tan privado, tan suyo. También le molestaría mucho que Enrique lo descubriera por esa tontería. Aunque está decepcionado Enrique no piensa que se trate de otro sino que en aquel momento no la tenía en reposo totalmente como creía. "la maravilla de la verga y sus cambios" --piensa mientras se la mete en la boca.
--creí que la tenías más grande, bueno no importa que la tengas tan pequeñita, yo te la haré grande.
Pronto la verga de Fabio crece y se acerca más al tamaño de la verga de su hermano dormido y Enrique se conforma goza como loco con esa verga en su boca. Manuela entra en la casa de Leopoldo sigilosamente. Tiene que saber la verdad. No quiere hacer ruido para sorprender a los dos amantes. Siente que se le va la vida.
--¡¡no puede ser¡ ¡¡tiene que ser un error¡ --dice para sí.
Tiene que ahogar un grito al reconocer la ropa de su esposo. Está toda. Incluso los calzoncillos. Manuela siente un mareo.
--¡no ahora no¡ ¡Tengo que saber la verdad¡
Está frente a la habitación de Leopoldo. Ahí en la puerta están los bóxers. Se oyen jadeos. Dos personas están haciendo el amor. Enrique parece una hembra. Manuela siente que un puñal le atraviesa el vientre. Llora. Siente un gran dolor. Abre la puerta.
--¡¡tienes que ser fuerte...¡ --se dice.
Está decidida a enmascararlos. La escena del beso que vio entre su marido y su amado le hiela la sangre. No cree poder soportar verlos desnudos en una cama pero:
--si no, no lo creeré.
Además piensa que si Leopoldo no se ve descubierto con las manos en la masa aún podrá negar.
--¡¡es capaz de reclamarme a mi hijo¡
Le horroriza pensar que pueda estar esperando un hijo de un hombre que se acuesta con su marido. Con miedo, asco, Manuela abre un poco la puerta.
--¡¡No me hagas sufrir más. Métemela Leopoldo. Métemela¡ ¡¡quiero sentir toda tu verga dentro de mí¡
Es la voz estupendo de su esposo. Los jadeos de ambos es muy fuerte. Manuela ha escuchado claramente a su esposo y el nombre de su amado. No tiene dudas. No puede hacerlo. No puede entrar. Llora. Se va corriendo. Enrique está totalmente enloquecido. No se entera de nada. A Fabio le encanta coger pero igualmente ha estado pendiente de todo. Sabe que Manuela lo ha descubierto. Sonríe travieso. Su plan ha salido bien. Ahora sólo le falta disfrutar, que Enrique se vaya a su casa convencido que se ha acostado con Leopoldo.












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