jueves, 3 de septiembre de 2026

Capitulo 30



 Emilio entra llorando a su cuarto. Le duele saber a Leopoldo amando a Manuela y sufriendo por ella. Se abraza a su ranita.

--no es feliz, no es feliz por mi culpa.

Emilio llora pensando en todo el cariño que le ha dado toda su vida ese hombre que ahora está sufriendo. Se siente muy culpable por el amor, por el deseo que siente hacia él.

--él dejó a su amor por mí y yo sólo le pedí sexo. Sólo sexo. --llora angustiado.




Leopoldo está soñando con Manuela. La ve sufriendo, en medio del mar ahogándose. Gritando su nombre.

--¡¡Leopoldo¡

Leopoldo se despierta sofocado. Se sienta en la cama. Llora pensando en ella.

--porqué no me creíste... ¿porqué? porqué me dejaste por un absurdo?

Emilio salta de la cama. Ha dejado la puerta del baño abierta y oye el lamento de su padrastro. Se acerca a la puerta. Apoya su mano en la puerta del dormitorio de él. Le duele la angustia de ese hombre que tan importante es para él. Quiere ir a consolarlo, a abrazarlo pero no lo hace:

--No me he ganado ese derecho.

Se siente culpable, está atormentado. Necesita unos brazos en los que refugiarse y sabe que no puede contar con Leopoldo. En seguida se le viene a la cabeza:

--Fabio.

No se lo piensa ni un segundo. Se va.



Leopoldo sentado en la cama llora y sufre por Manuela. Siente un gran dolor en su pecho. Una gran angustia.

–¿porque desapareciste? ¿dónde estás mi amor donde?

Leopoldo sufre por ese amor que no pudo vivir, preguntándose por su amada. Le atormenta imaginándosela en otros brazos. Manuela grita, grita el nombre de Leopoldo. Es su hijo Nemesio quien está con ella. Llora cuando el doctor le pone en brazos a su hija recién nacida. Manuela besa a su hija. No puede evitar pensar en Leopoldo, en lo que vivió con él.

--es tu hija, mi amor... es tu hija...

Manuela es llevada a la habitación. Manuela acurruca a la pequeña en su pecho. Nunca pensó ser madre cerca de los 50 y se siente feliz. Mira la cara de su hija y se le olvida todo el dolor del pasado.

--Se va a llamar Alegría, porque ha sido mi Alegría en estos meses, la alegría de sentirla dentro de mí.

Nemesio mira emocionado a su hermanita y con cariño a su madre que ha encontrado un refugio en él.



Fabio se sorprende al ver que Emilio llama a su puerta. 

–¿Tú?

Los dos se abrazan. Fabio lo va a besar pero Emilio no quiere. Está muy enojado con él y no le interesa ni para el sexo. Sólo necesita un apoyo:

-es Leopoldo, yo lo amo a él pero él ama a Manuela.

Emilio y Fabio se miran llorosos. Emilio por un amor frustrado hacia su padrastro y Fabio porque Emilio no deja de lado ese obsesivo amor por Leopoldo.

–¿en serio estás dispuesto a dejar a tu padre vivir con una mujer?

--sí, que él sea feliz con Manuela. Por mi culpa no están juntos y Leopoldo sufre y yo no quiero que sufra.

-- yo los separé. – dice Fabio con culpa y avergonzado.

–¿de qué hablas?

--Manuela cree que su marido se acostó con Leopoldo.

--¡eso no es verdad.¡

--es que Enrique se acostó conmigo creyendo que yo era Leopoldo y Manuela nos vio porque yo la avisé...

Emilio lo mira molesto;

--Tenemos que arreglar lo que tú estropeaste, quiero que mi padre sea feliz y tú me vas a ayudar.

--si claro yo estoy contigo para lo que quieras.

A Fabio le duele lo distante que es Emilio con él.



Días después...Tocan a la puerta. Leopoldo abre.

--¡¡ya voy, ya voy¡

Se queda de piedra al ver a Manuela con una recién nacida.

--¿tú? ¿¿Qué es esto? ¿Y esa bebita?

--Es nuestra hija.

Leopoldo se lleva las manos a la cabeza:

--¡¡me dijiste que no estabas embarazada¡

--te mentí.

Leopoldo se queda de piedra. Mira a esa bebita. Siente una ternura especial.

--¿me negaste a mi hija?

Manuela está muy angustiada. Ama a ese hombre y le duele su desconcierto. Tiene miedo que lo haya perdido.

--Fui una tonta pero tenía mucha bronca contigo.

--Fuera lo que fuera no tenías derecho a negarme a mi hija.

--¡¿ni creyendo que eras el amante de mi esposo¡? --se justifica ella.

Leopoldo está desesperado:

--¡¡no tenías motivo para pensar eso¡¡

--Si tenía pero eso ahora no importa, entiendo que no me puedas perdonar... pero estoy aquí... aún no es tarde...

Leopoldo acaricia la cabeza de la pequeña con lágrimas en los ojos.

--mi hija... es mi hija.

Llora. Manuela siente mucha culpa por haberlo hecho sufrir.

--nunca pensé que volvería a ser padre.

Leopoldo siente una alegría especial que no sentía desde que perdió a su hija.

--es un milagro.

Mientras Leopoldo llora por la emoción de ser padre, Manuela lo acaricia enamorada:

--espero que algún día puedas perdonarme.

Leopoldo está tan feliz con su hija que no le importa nada. Besa a la pequeña:

--quiero tenerla en mis brazos.

--claro.

Con mucho cuidado Leopoldo sostiene a la pequeña.

--soy tu papá, encantado de conocerte.

--Se llama Alegría.

Leopoldo la mira sorprendido:

--¿Alegría?

--si porque es mi mayor Alegría.

Leopoldo sonríe y besa a la pequeña con ternura:

--y la mía.

La besa y le habla a la bebita con mucha dulzura. Ella está encantada de verlos juntos pero le duele ver que su amado sólo tiene ojos para la pequeña y siente que a ella la olvidó. La pequeña empieza a llorar, se calma cuando la deja en brazos de mamá. Sin dejar de acariciar a la bebé sigue reprochando a la mujer:

–¿habiendo engendrado a esta bebita cómo pudiste dudar de mí?

–¿cómo no hacerlo? si yo te vi acostándose con mi marido, ahora por supuesto ex marido. De hecho creí que estaba contigo. No supe de él, sólo por los abogados, sabía que estaba con un hombre y pensé que eras tú.

--¿¿qué tontería es esta?

Fabio entra en ese momento.

–yo te explico.

--¿qué significa esto? --Leopoldo.

Fabio está abatido. No se atreve a mirar a su hermano a los ojos.

--Yo soy el culpable. Yo te tengo que pedir perdón. No lo hice para arruinarte la vida, fue una travesura, no pensé que fuera a pasar esto. No hice una vez sólo lo de fingir ser tú al hacer el amor con otra persona.

–¿de qué hablas?

--también lo hice con Enrique. E hice que Manuela nos viera.

Al entender lo que pudo pasar Leopoldo le da un puñetazo a su hermano.

Leopoldo está furioso con su hermano al descubrir que Enrique creyó que hicieron el amor. Le duele recordar ese día que Enrique se acercó a él y Leopoldo pensó que estaba loco.

--¡por eso él me habló de esa manera¡ ¡¡él cree que hicimos el amor¡

Fabio desde el piso y tocándose la barbilla dice:

--aclaré las cosas a él ese día que habló contigo.

--¡¿y por qué no me lo dijiste a  mí?

Fabio mira a su hermano con culpa:

--porque soy un cobarde.

Leopoldo mira a su hermano muy molesto.

--Mátame si quieres, me lo merezco. --Fabio arrepentido.

Aunque está muy molesto con su hermano no quiere que el rencor estropee su felicidad de ser padre.

--Almenos te arrepentiste y fuiste a buscarla. --Leopoldo.

--no fue cosa mía... yo nunca me habría atrevido a esto.

--¿y entonces?

Fabio y Manuela se miran con complicidad.

--alguien que te quiere mucho me abrió los ojos... --Manuela.

Emilio entra en ese momento. Leopoldo se lleva una gran sorpresa. Fabio se levanta y le dice a su hermano:

--Emilio me exigió que contara la verdad, a él se lo dije hace unos días.

Emilio se acerca a su padre con emoción. Leopoldo le sonríe con mucho cariño:

--así que este era tu misterioso viaje.

--te quiero, papá.

Leopoldo lo mira emocionado. Aunque el papá no suena muy natural le ha gustado mucho que hiciera el esfuerzo:

--papá, me dijiste papá.

Los dos se abrazan.

–¿te molesta?

--No. Siempre quise ser eso.

Emilio mira a la bebita y dice:

--tu hija tiene el mejor padre del mundo.

--¿y tú? ¿Quieres ser mi hijo? 

–¿crees que se pueda? --Emilio con cariño.

Leopoldo acaricia la cabeza de su hijo:

--para mí siempre serás mi hijo mayor

Leopoldo toma en brazos a su hija:

--ten, quiero que tengas en brazos a tu hermana.

Emilio agarra a la pequeña con miedo. Leopoldo muy sonriente tiene agarrada la cabeza de la pequeña. Fabio y Manuela miran la escena con mucha emoción.

--gracias por hacerme vivir este momento. Nunca olvidaré que gracias a ti no perdí a mi hija.--Leopoldo a Emilio.

Mira con cierta dureza a Manuela.

--sin ti jamás habría sabido que tengo una hija --Leopoldo.


Padre e hijo se miran con mucho cariño.

--te lo mereces, vas a ser un padre estupendo. Lo eres.

--no lo fui contigo. --Leopoldo triste.

--fue mi culpa.

--espero que ahora sí me dejes ser tu padre.

Emilio regresa a la pequeña a su padre. 

--Yo no te quiero perder pero necesito alejarme. Me han aceptado en la universidad de Yale. Logré una beca.

--Vete a estudiar pero vuelve, por favor. Esta es tu casa. Tu hermanita y yo te esperamos.

Aunque lo echará de menos está muy orgulloso de su hijo. Padre e hijo se abrazan con mucho cariño. Fabio está triste ya que no está en los planes de Emilio. 

Luego mirando a Manuela Emilio dice:

--y tú debes seguir tu camino y ser feliz...

Leopoldo y Manuela se miran de reojo. Él la sonríe y ella siente que su corazón va a explotar de felicidad. Leopoldo se dirige a su hijo:

–¿crees que merezco ser feliz?

--nadie lo merece más --responde Emilio con todo su amor.

Para Leopoldo es importante que Emilio quiera su felicidad, lo ha perdonado.

--Sé feliz, papá.

Leopoldo siente que ha pagado una deuda con el pasado aunque sus pérdidas siempre estarán en el corazón ahora puede volver a vivir. Deja a la pequeña con su madre, abraza a su hijo, a su hermano. Manuela deja a la pequeña en su moisés. Los ex amantes se miran frente a frente. Están ya solos.

–aunque sigo enfadado contigo.

--lo siento.

--se me pasará si haces algo por mi... --dice serio.

–¿el qué...?

Leopoldo la sonríe con ternura:

--si te casas conmigo.

Manuela no se lo puede creer. Lo abraza feliz.

--sí... sí...¡¡

Dejan a la pequeña descansando. Se besan. Se van desnudando con amor, con ternura. Él la agarra en brazos. La deja en la cama. Los dos se olvidan de todo.

–¿me extrañaste?

--Mucho, almenos me reconcilié con mi hijo y él me apoyó.

--Yo tuve que estar pendiente de mi hijo pero siempre tenía un pensamiento para ti.

Se besan  y fundiéndose el uno en el cuerpo del otro.

--te amo --le dice ella.

--te amo tanto...

Leopoldo se clava en ella. Los dos se estremecen. Se han echado mucho de menos, les parece que han pasado siglos sin amor, sin sexo. Es un reencuentro con el amor y también con su sexualidad que ambos habían dejado olvidada y les encanta recobrarla.





Y suenan campanas de boda... 

Leopoldo en la puerta del juzgado muy nervioso. A su lado su hermano y su hijo.  De blanco aunque con flores en vez de velo, Manuela llega del brazo de su hijo. A Emilio se le hace raro que el chico que lo desvirgó sea ahora también hijastro de su padrastro.

Leopoldo mira a su amada hechizado. Tras la boda, Emilio felicita a los novios. Padre e hijo se funden en un cálido abrazo lleno de amor y respeto.  Mira a Leonardo de una manera especial:

--nunca te olvidaré --dice para sí.

 Leopoldo agarra en brazos a su hija, mira a Manuela con felicidad. Él es feliz, no olvida a su hijo. Espera que encuentre su camino, él sigue el suyo con Manuela y con su hija.


Al día siguiente, Emilio se encuentra en su asiento en el avión rumbo a USA. A su lado está un hombre cincuentón guapísimo que pone muy cachondo a Emilio. Sus piernas se tocan. El hombre se da cuenta que a al chico se le pone dura y le hace gestos. Van al lavabo. Se da un aire a Leopoldo y es un sueño coger con él. El cincuentón primero se arrodilla ante el chico para que descargue. Emilio se viene en la boca del hombre gimiendo:

--! Leopoldo!

Luego el hombre lo pone contra el espejo. El chico tiene los calzoncillos y los jeans en los pies. Él sólo se desabrocha los pantalones. El cincuentón está feliz de reventar ese tierno culo. Se lo coge bien duro.

–!Leopoldo! – jadea Emilio en cada momento de gozo y lo grita con mucha fuerza al tener el orgasmo. Nunca gozó tanto.

No se dicen nada. El hombre es el primero en salir abrochándose los pantalones. Deja al chico con los pantalones y los calzoncillos bajados y aún jadeando. 

Cuando el chico vuelve al asiento el hombre le dice:

–¿Cómo sabes que me llamo Leopoldo?

Emilio se sorprende y guiñando el ojo dice:

–Es el destino 

Se miran con deseo y hablan. Se han gustado y mucho. Antes de irse el hombre le agarra el móvil al chico y se llama.

–Nos volveremos a ver. Y te cogeré más duro 

Y le guiña el ojo. 

Emilio traga saliva cachondo. Está feliz. Ese macho parece puesto  en su camino hecho a su medida. Con él puede curar sus heridas y coger rico. Sonríe pícaro pero ese loco y hermoso amor hacia su padrastro siempre tendrá un lugar privilegiado en su corazón.


Fin













Capitulo 29

 


Fabio sale precipitadamente del departamento justo cuando llega Leopoldo.

--¿¿ocurre algo?

Muy sofocado Fabio le dice:

--¡¡soy un imbécil¡ ¡¡soy un imbécil.¡

Leopoldo acaricia a su hermano fraternalmente:

--¿qué puedo hacer por ti?

Fabio está muy triste pero también sabe que su hermano lo está pasando mal y no lo quiere angustiar más.

--ve con tu hijo, te necesita. Mañana será un dia duro..

Leopoldo se queda triste. Aunque en situación normal su hermano con su hijo no es algo que le gustaría le da pena ver sufrir a su hermano. Piensa que su hijo no estaría en mejores manos. Nunca ha visto a su hermano sufrir por amor y está seguro que podría hacerlo feliz. Mientras, a solas en su departamento, Fabio llora por Emilio...


Leopoldo entra en el cuarto de Emilio creyendo que duerme. Emilio está triste, sabe que no va a entrar y por eso se hace el dormido.  No quiere  sentir su rechazo.  Leopoldo se sienta a su lado en la cama y lo acaricia. Lo acaricia como hacía antes. Con todo el amor de padre.

--¿por qué tuviste que estropear las cosas?¿porqué no me has podido querer como un padre? Yo hubiera dado mi vida por ti pero todo esto. Jamás pensé que esperarás de mí cosas que yo no te puedo dar. Es algo monstruoso.

A Emilio le gusta sentir el cariño de su padrastro. Le duele haber estropeado las cosas y se jura así mismo que hará lo posible por volver a ganarse su cariño, que se olvidará del sexo.

--te falle, hijo.

Emilio llora por dentro. Quiere mucho a Leopoldo y se siente muy culpable de su sufrimiento.


Al día siguiente Emilio es hospitalizado. Leopoldo está con él. Emilio hace un esfuerzo por ocultar el deseo que siente por él. Leopoldo se da cuenta y se queda a su lado como el padre que es. La operación es un éxito, el médico está seguro que Emilio pronto volverá a caminar. Emilio en la cama, Leopoldo a su lado celebra la noticia. Le acaricia con amor.

--volverás a ser feliz.

Emilio mira a su padrastro con cariño y le dice:

--lo que más me gustaría es que me volvieras a querer como antes.

Leopoldo le sonríe. Emilio goza de esa sonrisa. Siente que no necesita nada más.

--eso no depende de mí.  No he sido yo quien ha estropeado las cosas.

--Yo te juro que no volveré a pedirte nada que no me puedas dar.

Leopoldo abraza a su hijo con cariño:

--espero que todo pueda volver a ser como antes. Te quiero mucho hijo.

--Yo también te quiero mucho.

Leopoldo fuerza una sonrisa. Ya no le gusta tanto que Emilio le diga que lo quiere porque no está seguro que sea de una forma sana.


Semanas después… Leopoldo está con él cuando  Emilio da sus primeros pasos. Y los dos se besan con cariño.  Y Leopoldo lo siente más maduro.  No lo siente cachondo y está feliz pensando que se pueda salvar su relación padre e hijo.  






Días después, Emilio despierta su habitación.  Sonríe. Está la silla pero se puede levantar con la ayuda del bastón y caminar. Va a buscar a Leopoldo en silencio para darle una sorpresa.  Se sorprende ver que está Fabio y los hermanos hablan en voz baja. Emilio se acerca a escuchar. Leopoldo está feliz por el acercamiento con Emilio pero le pesa la mentira. 

Oye murmullos. Los dos hermanos están hablando muy flojo. Va despacio, el bastón tampoco le deja ir caminando muy rápido. Aún le cuesta caminar. Justo en la puerta de la cocina se excita mucho al ver a Leopoldo en slips. Siente una fuerte atracción hacia Leopoldo pero además lo ama. Como los dos hermanos no se dan cuenta Emilio prefiere quedarse oculto así no tiene que fingir y puede mirar el cuerpo de Leopoldo como hacía antes, excitándose. Con deseo. No tiene muchas oportunidades de ver el cuerpo desnudo de Leopoldo ya que el hombre lo evita así que no pierde la oportunidad. Aunque lo prefiere desnudo. Está  muy cachondo.  Se ha acostado con él pero no lo ha visto desnudo. Se masturba mientras mira a su guapísimo padrastro. 

Los  dos hermanos hablan sin saber que Emilio está escuchándolos. Normalmente se despierta más tarde para ir a recuperación, así que no se preocupan de él.

--¿y que va a pasar con nuestro secreto?

--es mejor olvidar --Fabio.

--Es que yo no quiero que mi hijo siga pensando que me acosté con él.

Emilio se ha quedado de piedra. No entiende nada. Él está seguro que se acostaron y no comprende qué es lo que pasa. Fabio se pone nervioso.

--hermano... yo creo que debemos consultar con el terapeuta. No sé cómo reaccione 

--A mi me da horror pensar que mi hijo sigue creyendo que fui su amante.

Fabio pone la mano en los hombros de su hermano:

--no es el momento, yo sé que Emilio nos va a odiar si se entera que fui yo y no tú quien se acostó con él, que lo engañamos.

Emilio se ha quedado conmocionado. A Emilio le duele más el engaño que el descubrir que no se acostó con Leopoldo.

--¿!que mierda es esto? ¡

Los dos hermanos se dan cuenta, por la cara de Emilio, que éste lo ha descubierto todo. Fabio se siente mal. No es capaz de decir nada. Siente el odio de Emilio y eso le duele. Sabe que no hay nada que pueda hacer para que lo perdone. Leopoldo se siente que se ha sacado un peso de encima. No soportaba que Emilio siguiera pensando en eso.

--lo siento, eres mi hijo... no podía hacerlo.

Emilio no le guarda rencor a su padre pero sí está decepcionado.

--Lo entiendo. de ti lo entiendo. No te dejé otra alternativa. En el fondo me alegro que no pasara nada. No es sólo sexo lo que quería de ti. A ti te amo. Eres el hombre de mis sueños. Te amo con mi alma. Te llevo en la sangre y moriré amándote como macho.

Leopoldo resopla. Emilio está dolido con Leopoldo y por eso no le importa incomodarlo recordándole que lo ama pero todo su odio se centra en Fabio. Lo mira con un desprecio que lastima mucho al hombre. Llega el enfermero que es quien lo despierte y Emilio le pide que lo acompañe a rehabilitación. Se va sin despedirse de los hermanos.  Fabio sabe que perdio, que Emilio nunca lo va perdonar. Leopoldo se ha quitado un peso de encima pero le preocupa cómo vaya a reaccionar Emilio cuando digiera la noticia.




Emilio se ha escapado de rehabilitación. Está triste. Camina sin rumbo. Está muy triste. Piensa en lo que ha pasado en su vida en los últimos meses. Piensa en su padrastro, en Neme (su primera vez), en lo agresivo que fue Fabio con él (su segunda vez), en el que creyó su tercer hombre (Leopoldo)

--¡¡era mentira¡ ¡¡era mentira!

Entiende a su padrastro pero está muy dolido. 

Alejandro y su amigo andan cerca y lo ven.

--Mira,  pobrecito. Te necesita --le dice.

Alejandro sonríe seductor 

--asegúrate que no haya juicio…--dice su amigo.

Alejandro no quiere utilizar a Emilio, el chico ya lo ha visto. Necesita los brazos de otro hombre ajeno a su entorno. Se acerca a él con cara de querer compañía.  Alejandro y Emilio están frente a frente. Los dos nerviosos.

--me alegro verte bien.

--A mí también me gusta verte. Nunca te agradecí lo de las flores.  Nunca tuvimos la oportunidad de hablar.

--es que no te quería molestar.

--Para mí fue una sorpresa que fueras precisamente tú el que me atropellaste...

--¿así? ¿Por qué si no nos conocemos? ¿Importa que fuera yo u otro?

Emilio le sonríe:

--¿No me recuerdas?

--No ¿nos conocemos? --sorprendido.

--Estuve a punto de hacer el amor contigo pero era virgen y al final no me animé. ¿no lo recuerdas?

--ya te estrenaste ¿no? --sensual.

--si con dos hombres...la misma noche.

Emilio habla con tristeza. Desea olvidar todo en brazos de ese hombre tan guapo que lo está tratando de llevar a la cama.

--vaya no has perdido el tiempo, vas rápido y eso me gusta. 

Le guiña el ojo:

--¿no te apetece probar un tercero?

–¿Vamos a mi casa?

Tanto a Alejandro como a Emilio les apetece pasar un buen rato juntos. Emilio quiere olvidar, quiere vivir un momento de sexo con alguien nuevo. Alguien que le haga olvidar esa decepción que se ha llevado al saber que no se ha acostado con su padrastro. Y en cambio sí con Fabio que siempre lo despreció. Necesita un desahogo.






Leopoldo ha ido a buscar a Emilio a rehabilitación y se preocupa cuando no le saben dar razón de él lo llama y no le contesta. Preocupado vuelve a casa. 


En su cuarto Emilio y Alejandro están fornicando como bestias. Entra Leopoldo y se queda sorprendido al escuchar los jadeos. Se escucha fuertemente !Leopoldo! que gime Emilio. Sobretodo muy fuerte cuando se viene. Emilio jadea el nombre de su padrastro mientras otro se lo coge y eso destroza el alma de Leopoldo que llora roto de dolor. Es algo de lo que Emilio no es consciente. Lleva tan adentro a su padrastro que ni siquiera se da cuenta que es su nombre el que gime mientras se lo cogen.


Alejandro sale de la cama  desnudo. Emilio ha gozado en sus brazos pero ahora se siente vacío. Piensa en Leopoldo. Se viste sin mirar a Alejandro.

--ahora vete, no quiero que te vean.

--¿y qué pasa con el juicio?

Emilio se siente utilizado. Se siente un tonto y más que nunca necesita refugiarse en los brazos de Leopoldo. Desearía ser el mismo niño que gozaba con el amor y sexo a la distancia.

--no habrá juicio, si te acostaste conmigo por eso vete tranquilo.

Alejandro siente a Emilio dolido y no quiere que esté enfadado con él:

--si fuera sólo por eso me habría acostado contigo hace mucho.

--gracias por este momento lo necesitaba– Emilio distante.

--que te vaya bien.

--a ti también.

Alejandro se va con los pantalones y la camisa desabrochadas. Emilio se queda en su cama triste. Pensativo. Agarra a Potter, lo abraza.

--Leopoldo nunca fue mío y nunca será para mi. 

--No me quiere... nadie me quiere.

Se siente frustrado. 



Leopoldo se sorprende al ver a Alejandro salir del cuarto de su hijo a medio vestir.

–¿!tú?¡

Alejandro se siente incomodo:

--ya me iba…

Leopoldo lo agarra del brazo.
--¿¿¡qué estás haciendo con mi hijo?

Nervioso con ironía Alejandro le dice:

--¿seguro que quiere que le cuente?

Leopoldo está furioso. Se golpea los puños para no golpear al tipo.

--¡¡largo¡ ¡¡y como lastimes a mi hijo te mato...¡

--tranquilo, no tengo ningún interés de volver a ver a su hijo.

--¡¡eres un desgraciado¡

Leopoldo se acerca a él agresivo. Desea golpearlo. Alejandro se va rápido. Leopoldo va al cuarto de su hijo.

–¿que estás haciendo hijo? --le reprocha.

Emilio no tiene ganas de dar explicaciones. Le duele ver al hombre que más ha amado en su vida y saber que nunca será suyo. Habla con sarcasmo, con dolor. No piensa mucho lo que dice:

--¿¿¡que pasa papi? ¿No puedo coger con un hombre?¿te molesta que traiga hombres a mi casa? tú también traías mujeres…

--¿es que también me espiabas cuando traje a Manuela?

Leopoldo está horrorizado. Emilio se da cuenta que ha metido la pata. No quería estropear de nuevo las cosas con su padre. 

--Leopoldo, yo... --balbucea.

Leopoldo no le deja hablar:

--¡¡no digas nada¡ ¡¡haz lo que se te pegue la gana¡ ¡¡yo ya no puedo más¡ 

Emilio oye el portazo que da a la puerta al salir. Se queda solo y triste. Abraza a su ranita.

--todos me abandonan... me voy a quedar solo...




Leopoldo se refugia en casa de su hermano. Fabio está haciendo la maleta.

--No te vayas.¡Emilio se me está descontrolando de nuevo¡ ¡¡tengo miedo de lo que sea lo próximo que haga¡

Sin dejar de poner ropa en la maleta Fabio dice muy dolido:

--yo no puedo hacer nada. Me odia. Ya he visto que trajo a un tipo.

Leopoldo está desesperado:

--Alejandro lo usó, es por lo del juicio. Seguro. No se volverán a ver.

--Emilio ya no es un niño,  sabe lo que quiere. --Fabio resignado.--me voy... sólo vine para unos días y pronto hará un año.

--hazme un favor, espérate unos días. He descubierto que Emilio me espiaba cuando hacía el amor con Manuela.  No sé si voy a poder con todo esto. Me hace bien tenerte a mi lado.

Fabio decide quedarse y los hermanos se abrazan. 


Es de noche. Emilio se levanta de la cama. No puede dormir. Siente nostalgia de tiempos pasado. Cuando espiaba a su padrastro desnudo. Entra en el baño.

--se acabó. ya nada será igual.

Se estremece recordando la pasión de Fabio creyendo que era Leopoldo.

--si pudiera ser con él.

Mira la puerta que da a la habitación donde duerme su padre:

--pero es él... sólo él...

Emilio se estremece pensando en su cariño. En su cuerpo desnudo. Entra sigilosamente. Le gusta verlo destapado. Ya no duerme desnudo aunque sí con el torso al descubierto. Está algo destapado y disfruta viendo su torso desnudo. Es la luna quien lo ilumina. Siente un gran deseo. Unas grandes locas de besarlo. De tocarlo. Mira sus labios:

--almenos me quedan el sabor de tus labios...

Lo mira profundamente:

--te amo, te amo...

Leopoldo está muy inquieto. Parece que tiene una pesadilla. Suda.

--Manuela...Manuela.

Emilio lo mira llorando. 

--te amo, Manuela. Te amo.

Para Emilio es toda una puñalada.







Capitulo 30

  Emilio entra llorando a su cuarto. Le duele saber a Leopoldo amando a Manuela y sufriendo por ella. Se abraza a su ranita. --no es feliz, ...