Emilio entra llorando a su cuarto. Le duele saber a Leopoldo amando a Manuela y sufriendo por ella. Se abraza a su ranita.
--no es feliz, no es feliz por mi culpa.
Emilio llora pensando en todo el cariño que le ha dado toda su vida ese hombre que ahora está sufriendo. Se siente muy culpable por el amor, por el deseo que siente hacia él.
--él dejó a su amor por mí y yo sólo le pedí sexo. Sólo sexo. --llora angustiado.
Leopoldo está soñando con Manuela. La ve sufriendo, en medio del mar ahogándose. Gritando su nombre.
--¡¡Leopoldo¡
Leopoldo se despierta sofocado. Se sienta en la cama. Llora pensando en ella.
--porqué no me creíste... ¿porqué? porqué me dejaste por un absurdo?
Emilio salta de la cama. Ha dejado la puerta del baño abierta y oye el lamento de su padrastro. Se acerca a la puerta. Apoya su mano en la puerta del dormitorio de él. Le duele la angustia de ese hombre que tan importante es para él. Quiere ir a consolarlo, a abrazarlo pero no lo hace:
--No me he ganado ese derecho.
Se siente culpable, está atormentado. Necesita unos brazos en los que refugiarse y sabe que no puede contar con Leopoldo. En seguida se le viene a la cabeza:
--Fabio.
No se lo piensa ni un segundo. Se va.
Leopoldo sentado en la cama llora y sufre por Manuela. Siente un gran dolor en su pecho. Una gran angustia.
–¿porque desapareciste? ¿dónde estás mi amor donde?
Leopoldo sufre por ese amor que no pudo vivir, preguntándose por su amada. Le atormenta imaginándosela en otros brazos. Manuela grita, grita el nombre de Leopoldo. Es su hijo Nemesio quien está con ella. Llora cuando el doctor le pone en brazos a su hija recién nacida. Manuela besa a su hija. No puede evitar pensar en Leopoldo, en lo que vivió con él.
--es tu hija, mi amor... es tu hija...
Manuela es llevada a la habitación. Manuela acurruca a la pequeña en su pecho. Nunca pensó ser madre cerca de los 50 y se siente feliz. Mira la cara de su hija y se le olvida todo el dolor del pasado.
--Se va a llamar Alegría, porque ha sido mi Alegría en estos meses, la alegría de sentirla dentro de mí.
Nemesio mira emocionado a su hermanita y con cariño a su madre que ha encontrado un refugio en él.
Fabio se sorprende al ver que Emilio llama a su puerta.
–¿Tú?
Los dos se abrazan. Fabio lo va a besar pero Emilio no quiere. Está muy enojado con él y no le interesa ni para el sexo. Sólo necesita un apoyo:
-es Leopoldo, yo lo amo a él pero él ama a Manuela.
Emilio y Fabio se miran llorosos. Emilio por un amor frustrado hacia su padrastro y Fabio porque Emilio no deja de lado ese obsesivo amor por Leopoldo.
–¿en serio estás dispuesto a dejar a tu padre vivir con una mujer?
--sí, que él sea feliz con Manuela. Por mi culpa no están juntos y Leopoldo sufre y yo no quiero que sufra.
-- yo los separé. – dice Fabio con culpa y avergonzado.
–¿de qué hablas?
--Manuela cree que su marido se acostó con Leopoldo.
--¡eso no es verdad.¡
--es que Enrique se acostó conmigo creyendo que yo era Leopoldo y Manuela nos vio porque yo la avisé...
Emilio lo mira molesto;
--Tenemos que arreglar lo que tú estropeaste, quiero que mi padre sea feliz y tú me vas a ayudar.
--si claro yo estoy contigo para lo que quieras.
A Fabio le duele lo distante que es Emilio con él.
Días después...Tocan a la puerta. Leopoldo abre.
--¡¡ya voy, ya voy¡
Se queda de piedra al ver a Manuela con una recién nacida.
--¿tú? ¿¿Qué es esto? ¿Y esa bebita?
--Es nuestra hija.
Leopoldo se lleva las manos a la cabeza:
--¡¡me dijiste que no estabas embarazada¡
--te mentí.
Leopoldo se queda de piedra. Mira a esa bebita. Siente una ternura especial.
--¿me negaste a mi hija?
Manuela está muy angustiada. Ama a ese hombre y le duele su desconcierto. Tiene miedo que lo haya perdido.
--Fui una tonta pero tenía mucha bronca contigo.
--Fuera lo que fuera no tenías derecho a negarme a mi hija.
--¡¿ni creyendo que eras el amante de mi esposo¡? --se justifica ella.
Leopoldo está desesperado:
--¡¡no tenías motivo para pensar eso¡¡
--Si tenía pero eso ahora no importa, entiendo que no me puedas perdonar... pero estoy aquí... aún no es tarde...
Leopoldo acaricia la cabeza de la pequeña con lágrimas en los ojos.
--mi hija... es mi hija.
Llora. Manuela siente mucha culpa por haberlo hecho sufrir.
--nunca pensé que volvería a ser padre.
Leopoldo siente una alegría especial que no sentía desde que perdió a su hija.
--es un milagro.
Mientras Leopoldo llora por la emoción de ser padre, Manuela lo acaricia enamorada:
--espero que algún día puedas perdonarme.
Leopoldo está tan feliz con su hija que no le importa nada. Besa a la pequeña:
--quiero tenerla en mis brazos.
--claro.
Con mucho cuidado Leopoldo sostiene a la pequeña.
--soy tu papá, encantado de conocerte.
--Se llama Alegría.
Leopoldo la mira sorprendido:
--¿Alegría?
--si porque es mi mayor Alegría.
Leopoldo sonríe y besa a la pequeña con ternura:
--y la mía.
La besa y le habla a la bebita con mucha dulzura. Ella está encantada de verlos juntos pero le duele ver que su amado sólo tiene ojos para la pequeña y siente que a ella la olvidó. La pequeña empieza a llorar, se calma cuando la deja en brazos de mamá. Sin dejar de acariciar a la bebé sigue reprochando a la mujer:
–¿habiendo engendrado a esta bebita cómo pudiste dudar de mí?
–¿cómo no hacerlo? si yo te vi acostándose con mi marido, ahora por supuesto ex marido. De hecho creí que estaba contigo. No supe de él, sólo por los abogados, sabía que estaba con un hombre y pensé que eras tú.
--¿¿qué tontería es esta?
Fabio entra en ese momento.
–yo te explico.
--¿qué significa esto? --Leopoldo.
Fabio está abatido. No se atreve a mirar a su hermano a los ojos.
--Yo soy el culpable. Yo te tengo que pedir perdón. No lo hice para arruinarte la vida, fue una travesura, no pensé que fuera a pasar esto. No hice una vez sólo lo de fingir ser tú al hacer el amor con otra persona.
–¿de qué hablas?
--también lo hice con Enrique. E hice que Manuela nos viera.
Al entender lo que pudo pasar Leopoldo le da un puñetazo a su hermano.
Leopoldo está furioso con su hermano al descubrir que Enrique creyó que hicieron el amor. Le duele recordar ese día que Enrique se acercó a él y Leopoldo pensó que estaba loco.
--¡por eso él me habló de esa manera¡ ¡¡él cree que hicimos el amor¡
Fabio desde el piso y tocándose la barbilla dice:
--aclaré las cosas a él ese día que habló contigo.
--¡¿y por qué no me lo dijiste a mí?
Fabio mira a su hermano con culpa:
--porque soy un cobarde.
Leopoldo mira a su hermano muy molesto.
--Mátame si quieres, me lo merezco. --Fabio arrepentido.
Aunque está muy molesto con su hermano no quiere que el rencor estropee su felicidad de ser padre.
--Almenos te arrepentiste y fuiste a buscarla. --Leopoldo.
--no fue cosa mía... yo nunca me habría atrevido a esto.
--¿y entonces?
Fabio y Manuela se miran con complicidad.
--alguien que te quiere mucho me abrió los ojos... --Manuela.
Emilio entra en ese momento. Leopoldo se lleva una gran sorpresa. Fabio se levanta y le dice a su hermano:
--Emilio me exigió que contara la verdad, a él se lo dije hace unos días.
Emilio se acerca a su padre con emoción. Leopoldo le sonríe con mucho cariño:
--así que este era tu misterioso viaje.
--te quiero, papá.
Leopoldo lo mira emocionado. Aunque el papá no suena muy natural le ha gustado mucho que hiciera el esfuerzo:
--papá, me dijiste papá.
Los dos se abrazan.
–¿te molesta?
--No. Siempre quise ser eso.
Emilio mira a la bebita y dice:
--tu hija tiene el mejor padre del mundo.
--¿y tú? ¿Quieres ser mi hijo?
–¿crees que se pueda? --Emilio con cariño.
Leopoldo acaricia la cabeza de su hijo:
--para mí siempre serás mi hijo mayor
Leopoldo toma en brazos a su hija:
--ten, quiero que tengas en brazos a tu hermana.
Emilio agarra a la pequeña con miedo. Leopoldo muy sonriente tiene agarrada la cabeza de la pequeña. Fabio y Manuela miran la escena con mucha emoción.
--gracias por hacerme vivir este momento. Nunca olvidaré que gracias a ti no perdí a mi hija.--Leopoldo a Emilio.
Mira con cierta dureza a Manuela.
--sin ti jamás habría sabido que tengo una hija --Leopoldo.
Padre e hijo se miran con mucho cariño.
--te lo mereces, vas a ser un padre estupendo. Lo eres.
--no lo fui contigo. --Leopoldo triste.
--fue mi culpa.
--espero que ahora sí me dejes ser tu padre.
Emilio regresa a la pequeña a su padre.
--Yo no te quiero perder pero necesito alejarme. Me han aceptado en la universidad de Yale. Logré una beca.
--Vete a estudiar pero vuelve, por favor. Esta es tu casa. Tu hermanita y yo te esperamos.
Aunque lo echará de menos está muy orgulloso de su hijo. Padre e hijo se abrazan con mucho cariño. Fabio está triste ya que no está en los planes de Emilio.
Luego mirando a Manuela Emilio dice:
--y tú debes seguir tu camino y ser feliz...
Leopoldo y Manuela se miran de reojo. Él la sonríe y ella siente que su corazón va a explotar de felicidad. Leopoldo se dirige a su hijo:
–¿crees que merezco ser feliz?
--nadie lo merece más --responde Emilio con todo su amor.
Para Leopoldo es importante que Emilio quiera su felicidad, lo ha perdonado.
--Sé feliz, papá.
Leopoldo siente que ha pagado una deuda con el pasado aunque sus pérdidas siempre estarán en el corazón ahora puede volver a vivir. Deja a la pequeña con su madre, abraza a su hijo, a su hermano. Manuela deja a la pequeña en su moisés. Los ex amantes se miran frente a frente. Están ya solos.
–aunque sigo enfadado contigo.
--lo siento.
--se me pasará si haces algo por mi... --dice serio.
–¿el qué...?
Leopoldo la sonríe con ternura:
--si te casas conmigo.
Manuela no se lo puede creer. Lo abraza feliz.
--sí... sí...¡¡
Dejan a la pequeña descansando. Se besan. Se van desnudando con amor, con ternura. Él la agarra en brazos. La deja en la cama. Los dos se olvidan de todo.
–¿me extrañaste?
--Mucho, almenos me reconcilié con mi hijo y él me apoyó.
--Yo tuve que estar pendiente de mi hijo pero siempre tenía un pensamiento para ti.
Se besan y fundiéndose el uno en el cuerpo del otro.
--te amo --le dice ella.
--te amo tanto...
Leopoldo se clava en ella. Los dos se estremecen. Se han echado mucho de menos, les parece que han pasado siglos sin amor, sin sexo. Es un reencuentro con el amor y también con su sexualidad que ambos habían dejado olvidada y les encanta recobrarla.
Y suenan campanas de boda...
Leopoldo en la puerta del juzgado muy nervioso. A su lado su hermano y su hijo. De blanco aunque con flores en vez de velo, Manuela llega del brazo de su hijo. A Emilio se le hace raro que el chico que lo desvirgó sea ahora también hijastro de su padrastro.
Leopoldo mira a su amada hechizado. Tras la boda, Emilio felicita a los novios. Padre e hijo se funden en un cálido abrazo lleno de amor y respeto. Mira a Leonardo de una manera especial:
--nunca te olvidaré --dice para sí.
Leopoldo agarra en brazos a su hija, mira a Manuela con felicidad. Él es feliz, no olvida a su hijo. Espera que encuentre su camino, él sigue el suyo con Manuela y con su hija.
Al día siguiente, Emilio se encuentra en su asiento en el avión rumbo a USA. A su lado está un hombre cincuentón guapísimo que pone muy cachondo a Emilio. Sus piernas se tocan. El hombre se da cuenta que a al chico se le pone dura y le hace gestos. Van al lavabo. Se da un aire a Leopoldo y es un sueño coger con él. El cincuentón primero se arrodilla ante el chico para que descargue. Emilio se viene en la boca del hombre gimiendo:
--! Leopoldo!
Luego el hombre lo pone contra el espejo. El chico tiene los calzoncillos y los jeans en los pies. Él sólo se desabrocha los pantalones. El cincuentón está feliz de reventar ese tierno culo. Se lo coge bien duro.
–!Leopoldo! – jadea Emilio en cada momento de gozo y lo grita con mucha fuerza al tener el orgasmo. Nunca gozó tanto.
No se dicen nada. El hombre es el primero en salir abrochándose los pantalones. Deja al chico con los pantalones y los calzoncillos bajados y aún jadeando.
Cuando el chico vuelve al asiento el hombre le dice:
–¿Cómo sabes que me llamo Leopoldo?
Emilio se sorprende y guiñando el ojo dice:
–Es el destino
Se miran con deseo y hablan. Se han gustado y mucho. Antes de irse el hombre le agarra el móvil al chico y se llama.
–Nos volveremos a ver. Y te cogeré más duro
Y le guiña el ojo.
Emilio traga saliva cachondo. Está feliz. Ese macho parece puesto en su camino hecho a su medida. Con él puede curar sus heridas y coger rico. Sonríe pícaro pero ese loco y hermoso amor hacia su padrastro siempre tendrá un lugar privilegiado en su corazón.
Fin

























































