martes, 1 de septiembre de 2026

Capitulo 9

 



Emilio ha sido descubierto por Fabio. Emilio tiene miedo, no desea que su padrastro lo descubra tiene miedo de perderlo.

–¿se lo vas a decir?

Fabio se sienta a su lado. Le pone la mano en el muslo. Emilio lo mira sorprendido. Le gusta la situación aunque le asusta.

--¿y dime una cosa?¿yo no te gusto?¿no te gusta verme en bolas?¿no quisieras que te hiciera el amor? ¿No quieres que yo te desvirgue?

Fabio lo mira con cara de depravado. Emilio no sabe que espera Fabio que le diga. En realidad los dos hermanos son muy guapos y no le importaría hacer el amor con Fabio pero si no va a perder su virginidad con Leopoldo quiere que Leopoldo sea testigo de su primera vez. Así que no lo duda y le dice:

--No...

Fabio se levanta molesto. Le ofende que se quiere acostar con su hermano y no con él. No le gusta que le hagan sentir que su hermano es mejor que yo.

--¿¿y porqué me espiabas?

--lo haría con cualquiera. Me gusta verte desnudo pero darte mi virginidad es otra cosa.

Fabio está muy molesto aunque tampoco le dice que es porque no siente por él lo mismo que por su hermano. La mirada de Fabio es muy agresivo y Emilio no se da cuenta que está enfadado por su respuesta.

–!pero se la vas a regalar a cualquiera!

–porque tengo muchas ganas de dejar de ser virgen pero lo que más me importa de esta noche es que la pasaré con tu hermano. El hombre de mis sueños. El mejor hombre del mundo.

Fabio se lleva la mano al pelo. Está furioso.

--¡¡vas a tener que hacer lo que yo te diga si no quieres que mi hermano sepa lo que haces, ¿crees que te perdonará? eres asqueroso... te quedarás en la calle... tendrás que acostarte con viejos borrachos para sobrevivir. Ahora ya que te gusta tanto la verga !¡Arrodíllate!

Emilio tiene miedo.

–!Arrodíllate.!

Fabio lo tira al piso y lo obliga a arrodillarse. Emilio llora y Fabio se ríe. Se siente poderoso.  Fabio le acarician la cabeza dominante.

–Eres mi perra.

Se baja el boxer y le pasa la verga por su cara. 

–¿Te gusta, perra?

Fabio es muy lascivo. Emilio está asustado 

–Sé que te gusta 

Emilio llora. Está asustado pero se le enfrenta:

–Tu hermano la tiene mucho más grande..

Fabio se enoja y lo agarra del cuello. 

–!Abre la boca!

Emilio no quiere y Fabio se la abre a la fuerza;

–!Eres mi perrita y me obedecerás como tal o yo diré todos tus secretos!

Y Fabio riendo mea en la boca de Emilio que llora y se ahoga y le obliga a tragar todo. Lo deja meado y llorando y asustado 

Fabio se va riendo muy hiriente. Emilio se mete en la ducha y llora. Emilio sale desnudo de la ducha. Se tumba en su cama. Emilio se abraza a su rana asustado. Lo que más le duele es la posibilidad que su amado lo odie.

--¿crees que se lo va a decir?

Habla con su ranita él mismo se responde "no lo sé."

--Fabio es un tipo raro. No me delató. aunque ¿a que vino todo lo que inventó?

Con todo lo que pasó no le preguntó. Tampoco se atrevería. Sonríe pícaro.

--creo que lo hizo para fastidiarme pero ¡¡me ha hecho el hombre más feliz del mundo¡

Pese al mal trago que ha pasado se siente feliz. Emilio no se ha cansado de saltar. Está tan contento por lo que ha vivido con Leopoldo que en seguida se le olvida el mal momento que le ha hecho pasar Fabio. Salta una y otra vez. Cae en la cama. Mira a su ranita:

--¿¿crees que Leopoldo me hará el amor?

Se aferra a esa ranita:

--ojala que sí --se dice muy excitado pensando en Leopoldo desnudo, con Manuela, masturbándose.

--¿cómo será hacer el amor?

Tiene ganas de estar en brazos de un hombre guapo, formar parte de su cuerpo. Son muchas las preguntas que se hace. Tendrán respuesta esa misma noche:

--¿me estrenaré?¿con quien?¿con Leopoldo?

Está muy ansioso porque llegue ese momento y se desvele el misterio.








Emilio y Leopoldo se están arreglando juntos como dos amigos para salir en la noche. Mientras Emilio se ducha, Leopoldo, desnudo, se afeita.  Emilio está feliz. Es su gran noche. Para él es su cita con el hombre que a él le gusta. Para Leopoldo es su gran actuación como padre.

--debimos hacer esto hace mucho. Debimos empezar a salir juntos desde que nos quedamos solos y no encerrarnos el uno en la tristeza del otro... --Leopoldo.

Emilio no dice nada. Está demasiado contento. Demasiado excitado. Le gusta demasiado ver desnudo a su padrastro, pensar en que van a salir. Piensa en que esa noche se acostará con un hombre. No sabe si con Leopoldo o con cualquier otro pero esa noche quiere dejar de ser niño para convertirse en un hombre.

--¿estás nervioso? --pregunta Leopoldo con cariño.

Se gira y sonríe a su hijastro que se está muriendo por él.

--un poco... tengo nervios por no saber lo que pasará.

Leopoldo vuelve al espejo. Se sigue afeitando.

--pasará lo que tú quieras que pase... Si encuentras a un chico que te guste... pues no te frustre... Vive con seguridad... pero goza de la vida.

Y Emilio eso es lo que hace. Disfrutar del cuerpo desnudo del que años atrás fuera el marido de su madre. Emilio le está mirando el trasero, desnudo le gusta más. Quisiera tocarlo. Está muy cachondo y se necesita relajar. Le da la espalda y se excita mucho masturbarse ante su padrastro. Y tiene ahí. Ese culo desnudo y no puede más y como se le estuviera gastando una broma le va tocando la pierna y acaba dándole un azote en todo el culo. Leopoldo se lo toma a risa.

--va venga sal de la ducha.

Leopoldo es muy paternal. No ve deseo en ese gesto. Emilio está feliz. Sólo por estar desnudo juntos a su padrastro y haberle tocado el culo esa es la mejor noche de su vida. El hombre es muy cariñoso con él y Emilio muere de amor.











--¿y si se me da esta noche?--piensa Emilio cachondo mirando a su desnudo padrastro.

Emilio da pequeños saltitos. Está muy contento. Leopoldo le sonríe:

--sabes, me recuerdas a mí a tu edad... cuando yo me preparaba para mi estreno. Estaba como loco de contento --recuerda con una sonrisa divertida.

Nunca han hablado de eso. A Emilio le pone celoso que le hable de mujeres pero también le excita hablar de sexo con él.

--¿cómo fue?

--bueno. No me acuerdo bien. Yo cumplía los 15 y ese fue mi regalo. Mi papá me llevó a un sitio... Ya sabes una casa de citas que él conocía bien. Me puso delante de unas mujeres muy lindas desnudas, me pagó la que yo quise.

--¿y no te doy asco que una mujer se acostara contigo por dinero?

Leopoldo sonríe. Él y Emilio se miran a través del espejo. Leopoldo sonríe mucho. Le gusta estar hablando con su hijastro de esos temas:

--bueno ten en cuenta que tenía 15 años y unas ganas locas de perder mi virginidad. Así como te pasa a ti. Me hubiera valido cualquiera. Lo importante era estrenarse...

Leopoldo pone cara de pícaro:

--menos mal que pagué... fue un desastre...

--¿lo hiciste mal? --Emilio recordando que conoce ese aspecto de su intimidad pues lo vio en plena acción con Manuela.

--claro... es la primera vez... Lo importante era hacerlo... El resto no importaba...

--A mi me gustaría tener un recuerdo bonito de mi primera vez.

Leopoldo con la cuchilla en mano se acerca a su hijastro. A pocas horas de estrenarse a Emilio le gusta mucho tener una vez más el cuerpo desnudo de su amado padrastro a tocar de su mano.

--Que bueno que tengo un hijo para vivir con él su primera vez tal y como hizo mi padre...

--bueno... igual no será...  --Emilio tímido.

Leopoldo le guiña el ojo:

--No porque a mí me saldrá gratis.

--¿y si no encuentro a nadie?

Leopoldo le sonríe. Emilio desea escuchar:

--pues para eso estoy yo...

Pero Leopoldo nunca piensa pronunciar esas palabras. Ni imagina que Emilio quiere que las digas.

--pues volvemos otro día. Así hasta que te estrenes.

Leopoldo le acaricia la cabeza. Lo mira muy simpático:

--pero no pienses en eso, con las ganas que tú tienes, seguro que hoy te estrenas.

A Emilio le gusta mucho la complicidad que está naciendo con su padrastro. Por un lado tiene buenas ganas de conocer los misterios del sexo. Por otro lado quisiera que no se le diera para tener excusa de volver a salir con Leopoldo. 


Mientras padre e hijo se arreglan ninguno de los dos se da cuenta que en el salón está Fabio molesto. Está viendo la tele con los pies sobre una mesa. No quiere aceptarlo pero le da rabia que Emilio no haya pensado en él para su primera vez. Que quiera que sea con su hermano. Siente celos de su hermano.

--Nunca nadie me amó como a él.

Fabio se siente vacío. No ha logrado nada en la vida. La cercanía de los 40 y su soledad le pese.

--si Emilio quisiera...

Se hace el duro. Se golpea los puños con rabia.

--¡¡yo no necesito a nadie¡ ¡¡a nadie¡¡

Siente mucha rabia. Se toma la vida con agresividad, con burla para no pensar en sus temores. En su deseo de ser amado. Le gustaría entrar en esa baño en el que está su hermano con su hijastro y decir que él también es gay y que quiere que Emilio viva su primera vez con él.

--¡¡no soy premio de consolación¡

Le duele pensar que tal vez Emilio se acostaría con él por despecho. Le ha dolido mucho que Emilio le dijera que no siente nada por él y que prefiere hacerlo con cualquiera con tal que su amado padrastro esté con él.

--¡¡no quiero ni imaginar el sermón que me echaría mi hermanito si le digo que me quiero acostar con su hijo¡ ¡¡No quiero un sermón de don sabelotodo, del que se cree perfecto, superior a todos¡ --dice sin poder evitar celos y rencor hacia su hermano al que todos siempre han preferido.




Leopoldo y Emilio se están vistiendo. Emilio mira a Leopoldo con amor y deseo. Se estremece pensando en lo que puede ocurrir esa noche.

--se pone guapo para mi..--piensa.

Leopoldo se perfuma. Ya con Emilio a su lado le pone un poco de su mismo perfume. Ese perfume varonil que siempre embriagó a Emilio. Le encanta compartirlo con él. Las puertas del lavabo quedan abiertas y aunque en habitaciones diferentes se ven mientras se visten y Leopoldo aconseja a su hijo. Lo prepara para acostarse con un hombre, eso excita mucho a Emilio. También le excita verlo vestirse. Al fin los dos están listo.

--¿preparado? --le dice Leopoldo guiñándole el ojo. 

Emilio lo mira con todo el amor que tiene guardado para él. Con ansiedad. Hace que sí con la cabeza. Leopoldo lo nota nervioso pero no imagina que no es por él. Lo abraza.

--te quiero mucho --le dice Emilio.

--yo también. No sabes cuanto.

Leopoldo es muy cariñoso con Emilio. Y Emilio le mira los labios.  Esos labios que tanto desea y le cuesta mucho controlarse y no besarlos. Leopoldo lo abraza por los hombros y salen los dos juntos. Emilio se ha vestido de blanco en señal de su pureza que confía perder está noche. Leopoldo será siempre su primera opción. Su sueño. Daría la vida por ser desvirgado por él pero está muy cachondo y tiene ganas de dejar de ser virgen. Además si no va a poder ser desvirgado por Leopoldo le excita la idea de que su padrastro sea testigo directo de cómo lo desvirgan. Es lo que más le excita de perder su virginidad esa noche. A parte de la esperanza que su guapísimo padrastro lo desvirgue . Emilio besa a su padrastro en la mejilla y Leopoldo lo abraza y Emilio vibra. Son sus últimos momentos como niño y Emilio está feliz de convertirse en hombre de verdad.


Fabio en el sofá los mira con indiferencia.

--que se diviertan... --dice con burla.

Emilio mira nervioso a Fabio. Leopoldo se despide de él. Después los dos se van. Fabio se queda furioso..


Padrastro e hijo llegan en el antro. El mismo en el que estuvo Fabio. Emilio está muy nervioso. Leopoldo empieza a bailar.

--¡la música es contagiosa¡ ¡¡vamos a bailar¡ ¡hacía años que no entraba en un sitio de estos¡

Leopoldo se siente en su salsa. Emilio lo va siguiendo enamorado.

--¿no te sientes incómodo? La gente seguro que pensará que somos novios.

Los dos hablan a gritos, muy cerca el uno del otro.

--No me importa...

El corazón de Emilio late con prisa. Cree que no le importa porque lo ama. Lo sigue muy pegado a él.

--hay muy buen ambiente. Es una discoteca normal.

--Salvo que solo hay hombres --Emilio mirándolo con deseo.

Emilio vive un sueño. Bailando juntos a su amado. Lo toca. Parecen pareja. Quisiera que fuera el preludio de la perdida de su virginidad con él pero sólo por estar bailando con su amado ya es el día más feliz de su vida. Es un momento mágico.

Leopoldo está contento. Hacía mucho que no se divertía.

--No vengo a ligar,  por el resto es una discoteca normal.

No imagina que alguien lo está observando. No imagina que su hijastro lo está amando y que en esa discoteca ya ha encontrado un admirador. Leopoldo se aparta un poco para dejar que el chico se espabile solo, que busca entre los chicos que hay en ese lugar. Alguien se pone a bailar con Leopoldo. Le hace ojitos. Le coquetea. Leopoldo sabía que eso podría pasar y no le hubiera dado importancia de no tratarse de Enrique. El marido de Manuela. 






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