Emilio no se ha perdido detalle del rico polvo que su guapo padrastro le ha echado a Manuela. Le gusta ver su cara mientras eyacula en el interior de la mujer. Le gusta verlo retorciéndose de placer y luego levantarse. Le ve el culo perfectamente. Le tira la ropa a ella.
--venga, vete...
Manuela lo mira molesta.
--¡que bruto eres.¡
Leopoldo la mira regañón:
--lo prometiste...
Manuela se viste mientras que Leopoldo va al baño. Emilio lo ve desnudo, primer plano de sus genitales. No desea moverse pero le sería muy difícil explicar la situación. Al entrar en el baño, Leopoldo oye un ruido en el cuarto de su hijastro. Tiene miedo de haberlo despertado. Abre la puerta sigilosamente. Emilio está metido en la cama, con deseo. No lo ve pero sabe que está desnudo y eso lo tiene muy cachondo. Sin contar lo que ha gozado con esa escena que jamás pensó vivir.
A la mañana siguiente, como siempre Leopoldo le ha preparado el desayuno a Emilio. Hay más tensión de la habitual porqué Leopoldo se siente culpable. No quiere ofender a Emilio llevando a una mujer a la casa que compró para vivir con su madre. Tiene miedo de que se haya enterado. No se atreve a tocar el tema directamente. Emilio lo mira de una manera diferente. Más intensa. Leopoldo se da cuenta de algo. Piensa que es porque sabe algo. No piensa que es porque está más excitado que porque ha gozado viéndolo fornicar. Emilio no tiene dudas. Ama a ese hombre. Su cuerpo desnudo y ahora conoce su forma de poseer a una mujer. Se ha masturbado durante casi toda la noche pensando en que es él quien está en brazos de ese hombre. Leopoldo se sienta a su lado.
–¿todo bien?
Emilio hace que sí con la cabeza. Los dos quieren hacer que no pasa nada pero a los dos les pasa cosas. Los dos tienen un secreto aunque tan distinto. Leopoldo está volviendo a vivir y no sabe cómo decirle a Emilio que está reconstruyendo su vida con otra mujer. No sospecha que Emilio quisiera que lo eligiera a él como compañero para toda la vida. Se le pone palo solo al rozar sus piernas con la de su padrastro. Leopoldo le pone la mano en el muslo muy paternalmente para tratar de tener una relación normal padre e hijo como el hijo de su difunto esposa.... Emilio tiene un orgasmo, al ser tocado por ese hombre tan guapo, que tiene que callar.
--¿te ocurre algo? --Leopoldo sorprendido.
Emilio hace unas muecas que Leopoldo no comprende.
--¿estás enfadado conmigo?
Emilio calla sus jadeos. Su deseo. Sólo hace gestos con la cabeza.
Emilio lo ama y lo desea más que nunca. Le cuesta mucho controlarse... Piensa en esa fiera que descubrió la noche antes, y que desea que le haga las mismas cosas que le hizo a la vecina. Leopoldo quisiera adivinar los pensamientos de su hijastro. Saber si lo quiere, si lo odia. Si le importaría que fuera feliz. No entiende esas miradas que le hecha. Piensa de todo menos la verdad. Esa verdad que a Emilio cada vez le cuesta más callar es algo que Leopoldo jamás sospecharía. Leopoldo mira a Emilio con mucho cariño. A Emilio le seduce la belleza de su padrastro y lo enamora su simpatía. Su cariño:
--¿Qué miras tanto?
--No nada... --Emilio nervioso.
Leopoldo acaricia paternalmente a Emilio (no sabe que lo hace estremecer de placer)
Leopoldo acaricia su mano.
--Me gustaría tanto poder hablar contigo de hombre a hombre.
Emilio no quiere que le diga que tiene una mujer.
--¡¡No lo hagas¡¡
Emilio se levanta. De nuevo oculta el amor que siente con un disfraz de odio. Leopoldo siente pena al ver que la relación con el hijo de su esposa no es todo lo buena que yo quisiera. Leopoldo se acerca a Emilio. Lo abraza por la espalda y Emilio se derrite en sus brazos. Leopoldo no se da cuenta de la cara de placer de su hijastro.
--Yo le prometí a tu mamá que te iba a querer como a un hijo... pero tú no me dejas... ¿porqué?
Emilio lo mira. Está entre sus brazos. Como lo estuvo Manuela. Lo podría besar. Acaricia el rostro de su padrastro. Lo hace con amor. Amor sexual. A Leopoldo le gusta sentir el cariño de un hijo. Ese hijo que tanto necesita. Emilio mira los labios de su padrastro. Siente que lo llaman. Los necesita. Desea besarlos. Y Emilio se aproveche y lo abraza con fuerza. Le da miedo que note su cuerpo duro pero ya que lo ve como un hijo lo toco como si fuera un padre. Lo toca y lo besa muy cerca del labio y el hombre está feliz y Emilio se aprovecha. Emilio está abrazando a su padrastro. Hace como hijo lo que quisiera hacerle a su padrastro como pareja. Desea besar los labios de Leopoldo. Con cariño le dice:
--me gusta que seas así conmigo.
Emilio traga saliva:
--¿en serio?
Sabe que el hombre no va por el mismo camino que él. Le gustaría poder decirle que aún puede quererlo más. Leopoldo le sonríe con dulzura:
--Perdí a mi hija, a mi esposa. Tú eres lo único que tengo. Eres el único hijo que podré tener. Si tú no me quieres, no podré tener la dicha de ser querido como a un hijo.
Emilio se aparta de él. Le molesta que Leopoldo recuerde a su hermana, a su madre en ese momento que desea besarlo. No le gusta que le recuerde que sólo lo quiere como a un hijo. Emilio mira a Leopoldo con reproche. Le gustaría poder reclamarle que nunca lo vaya a amar como él desea, que jamás le regale esa primera noche de pasión con la que suena desde hace mucho. Leopoldo espera que le diga algo que justifique su enfada así que Emilio le pregunta:
--¿En serio no vas a tener un hijo? ¿No te gustaría?
Leopoldo le sonríe:
--No, me gustaría que tú me quisieras como un papá. Me gustaría ser el papá que perdiste siendo muy niño.
--¡¡tú nunca podrás ocupar el lugar de mi padre¡ --le reclama Emilio que está cansado de callar ese amor.
Leopoldo se lleva las manos a la cabeza. Resopla desesperado.
--¡es que yo quisiera saber lo que te pasa conmigo¡ ¿porque a veces me quieres y otras veces me odias tanto¡
Emilio sabe que no puede contestar a esa pregunta. Se calla. Se queda en un rincón. Leopoldo se acerca con pena:
--¿porqué no te abres a mí?
Emilio lo mira con deseo:
--que más quisiera yo... --piensa.
A Leopoldo le da pena que Emilio no confíe en él pero Emilio sabe perfectamente que al hombre no le gustaría saber lo que le pasa pero tampoco quiere que esté triste. Tiene miedo que Leopoldo se acabe cansado y pase de él. En definitiva no tiene ninguna obligación para con él.
--No me hagas caso. No pase una buena noche.
Emilio dice eso sin pensar. Leopoldo se pone nervioso. Piensa que es por lo que él hizo anoche que su hijastro le está reclamando. En realidad sí es así pero no por lo que piensa sino porque Emilio desearía estar en la cama con él.
--¿porqué no dormiste bien? ¿Es que oíste ruidos?
Emilio se hace el tarado:
--No, ¿que tendría que oír...?
--es que me quedé hasta tarde viendo la tele y no sé a lo mejor creíste que estaba con alguien y te enfadaste...
Leopoldo miente muy mal. Se le nota que se siente culpable. Emilio siente mucha ternura por eso.
--Yo sé perfectamente que sólo estamos los dos solos como siempre... ¡¡como debe ser¡¡
Emilio se muestra agresivo para que Leopoldo tenga claro que lo siente de su propiedad y que no lo quiere compartir con nadie.
--pero las cosas a veces pueden cambiar... --Leopoldo con timidez.
--¡¡yo no quiero una extraña en mi casa...¡
Leopoldo lo acaricia con cariño:
--Me gustaría saber si es porque me desprecias o porque me quieres que no deseas que tenga ninguna novia.
--¡en esta casa no quiero ninguna mujer.¡
--¿me estás echando?
--no¡¡
Emilio habla angustiado. No quiere que se vaya. Leopoldo nota la desesperación de Emilio. Se da cuenta que es importante para él. Eso le gusta pero hay algo que no entiende. A veces lo ve que lo rechaza. No se da cuenta que siente celos de que esté con otra mujer.
--a veces parece que me quieres... a veces que me odias... ¿¿qué te pasa conmigo?
Emilio desea decirle que lo ama pero no lo hace.
--¡¡que te importa.¡
--ayer me trataste muy bonito. Me dijiste que me querías... me gustaría tanto que fuera así...
Emilio no puedo más. Lo abraza, se aferra a él con desesperación. Le gusta estar entre sus brazos. Ya no puede callar más lo que siente:
--yo también... yo también… te quiero mucho.
Leopoldo lo acaricia con cariño.
--¿qué te pasa conmigo? Si los dos nos queremos porque no podemos tener una relación normal de padre e hijo...
Emilio tiene sus labios tan cerca, toca su cuerpo. Lo quiere besar. Va a hacerlo. Ya no puede fingir más.




















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